Sunday, June 2, 2013
La verdadera liberación de la mujer.
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El trabajo doméstico, por más reglamentado que esté, no deja de ser una nueva forma de servidumbre. Miles de mujeres extranjeras y provincianas ganan miseria para que las putas porteñas burguesas se la den de emancipadas. Teniendo una morocha en la casa cualquier zorra se hace gata. Es injusto todo esto. Además hay que pensar que el gremio de las mucamas no es un gremio fuerte. El contrato colectivo de trabajo que ellas puedan recibir no es más que un robo legalizado por el Estado. Ellas no están en una fábrica y pueden parar la producción; no, el "patrón" llama a cualquier pibita de por allá a lo lejos y tiene quien le labure en negro. La clase media debería llamarse "clase mierda". Es hipócrita, careta y nefasta. Las trabajadoras domésticas muchas veces hacen las v...eces de madre y, sin embargo, en la mayoría de los casos, terminan comiendo solas en la cocina. Es muy triste y no me vengan a decir que no. Las abogaditas, doctorcitas putitas y oficinistas petetrolas son las putas liberadas de "Sexo en la ciudad" gracias a que hay "pardas" que limpian la casa, crían a los chicos y le tiran la goma al marido que ellas tan desatienden.
¡La liberación de la mujer tiene que ser por igual para todas! No solamente para las putas francesas y burguesas. Es fácil hablar de feminismo desde Europa o Estados Unidos. Es fácil hacerse la liberada viviendo en Caballito, Belgrano, Palermo o alguno de esos barrios copados por la "clase mierda" que afea la ciudad con esas horribles torres de cristal y metal. Las chicas de Bolivia, Perú, Paraguay y de toda Latinoamérica tienen derecho a estudiar y a desarrollarse en igualdad de condiciones que las rubias tontas blancas de mierda. Hay que acabar con el acomodo en los trabajos. ¿Cuántas pelotudas tienen buenos puestos por tener ojos claros, concha rubia como el oro y tetas blancas como la nieve? Dejemos de ser hipócritas y admitamos que somos una sociedad clasista y racista o cambiemos como personas y empecemos a ser más católicos siguiendo el ejemplo de Su Santidad Francisco, exponente máximo de la austeridad en nuestros días.


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