Thursday, July 11, 2013
Plazas y más...
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Ayer, luego de leer Juvenilia de Miguel Cané, salí a caminar por la Plaza Democracia. Me asombró ver a un perrito chino de esos que tienen la carita aplastada encerrado en un cubículo de juegos infantiles. Un animal así obviamente que tiene dueño. Una niña inquieta me lo confirmó cuando liberó al can de su cautiverio momentáneo. Seguí caminando en medio de los altos troncos y el paredón del corralón de materiales. Gracias a Dios no había ningún drogado a la vista. Todo muy lindo. Verde, pasto, arbolitos, bancos, algo de barro, cotorritas verdes y un recuerdo de la infancia perdido en ese pedazo de bosque metido de contrabando en la ciudad. Memoria de las tardes de gambetas, trompadas, fosforitos, sapos reventados, burlas a los automovilistas y aventuras en el ombú mítico de la placita del barrio. De golpe me acordé cuando dos morochos de la villa La Plavinil, una villa muy pequeña que nadie conoce, me robaron la bici cuando yo tenía once años. Cosas de la vida. Yo quedé tan loquito porque cuando era chico yo me iba a la puerta de la fábrica de plástico a embriagarme con el olor a pegamento. Cosas de niños que creen que el olor de la nafta está bueno. Tardes de metegol y amoríos platónicos que nunca habrían de concretarse. La niña que me gustaba en el primario, una rubiecita preciosa de tez mate y ojos marrones, combinación rara si las hay, creció y se convirtió en una mujer preciosa. Ahora tiene un hijo con apenas 23 años. Era una niñita estudiosa pero el tiempo la embarazó muy prematuramente. Creo que ya a los dieciséis o diecisiete estaba tocando el bombo que alguno le dejó. Me acuerdo que yo era el peor alumno de la clase. Nadie pensaba que yo habría de terminar el secundario. Ahora estoy en la universidad con un promedio relativamente alto mientras que la chica diez está criando un niño...
En medio de esa caminata anhelé encontrarme con un amigo con el cual fui a la cancha por primera vez. No me olvidó más el día en que fui a ver a River. Le ganamos a Banfield dos a cero con goles de Cavenaghi y Darío Husaín. A mi amigo no lo vi pero aún así me sentí bien al recordar cosas del ayer. En medio de imágenes pasadas me metí a un chino a comprar café. Mi único vicio es ese oro negro hecho polvo para delicia de los adictos. A la salida del oriental marché a mi casa para seguir leyendo. Los finales de la facultad me asustan más que los policías del Grupo Halcón. Esos te agarran y te matan sin dudarlo. Dan mucho miedo esos tipos. Desvarío total de alguien que mezcla ficción y realidad. A veces me pregunto cómo hago para meter fútbol, amistades, temas académicos y policías en un mismo párrafo. La cabeza me obliga a decir todo esto antes de que me exploten los sesos. Todo, todo se mezcla como en la panza llena de asado, leche chocolatada, mariposas, vértigos, agua, ensaladas y galletitas dulces. Un mosaico de colores cruzado por la banda roja y la bandera celeste y blanca en la pared. Miserias de un pájaro que bajó a uno antes de que lo bajen a él. Es como el comerciante chino que cagó a tiros a todos sus vecinos antes de que le roben. ¿El pobre amarillo podrá decir ante la corte que se trató de un ataque preventivo con daños colaterales? Según él, todos los hombres son ladrones en potencia.
La mejor parte la robé hoy. Venía caminando por lo que será la luz y vi a una rubia en botas de caña alta y taco aguja. Figura sensual. Al ver la perfección de esas piernas temí lo peor. Muy pocas mujeres poseen piernas tan trabajadas. Al acercarme a ella la escuché hablando con dos idiotas que estaban arriba de un auto. Voz muy femenina y suave. Una mujer con todas las letras. De pie, en el barro de la calle, estaba otra mujer con ella (una gordita muy simpática). En un momento pensé que se trataba de dos putas. Se subieron al coche último modelo y se fueron. No sé por qué pero sigo pensando que eran algo así como dos putas. En esa cuadra no paran trolas pero me llamó la atención que una le dijera a los pibes su nombre. Una presentación. ¿Habrá sido una cita a ciegas? Ya me imagino que esas dos son de las que se pasan la vida en internet buscando machos con plata. Son putitas 2.0 (las que inventan encuentros de la nada para ver si pegan con el hombre de su vida). Algo raro había. La rubia estaba demasiado buena. Se notaba mucho gimnasio en esas gambas musculosas y no era un travesaño ni nada raro. Lo que me resultó más impresionante fue el perfume de esos gatos caros: todavía lo tengo en mis narices. Olían muy bien las yeguas. Cosas que asombran como el gusto de una fruta dulce en pleno invierno y bajo una lluvia imparable. La blonda de botas y minifalda se fue con la gordita vestida de ejecutiva en el coche. Eso creo haberlo dicho. Lo que no dije es que, a pesar de la belleza de ambas, esa conducta me parece inaceptable. Creo que nunca voy a tener auto pero si lo tuviera no llevaría de paseo a esas prostitutas postmodernas.
Nada más que decir...






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