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Saturday, June 23, 2012

Marxismo cultural.




        Tan católico era el jovencito de diecisiete que parecía un nazi. Tenía una impronta hitleriana clásica: cabello oscuro, ojos verdes y tez de cerdo. Un goym, goy, goyim o lo que sea (no soy judío como para saber hebreo). Sé que fue su primera cita con el primer amor de su vida. Una chica hija de la colectividad muy hermosa (hermosa por demás). Imaginenen que sonaba esta canción esa mañana irreal en que se acariciaron por primera vez en un bar...
       Inmanencia pura de permanecer atado al sueño de una mujercita que tenía la edad de una niña de trece. Primavera de secundaria que ya nunca volverá. Flores de un barrio que se oscureció con su vida cosmopolita y marginal. ¿Qué habrá sido del colectivo de la línea 92 perdido bajo la lluvia? Tal vez el el Museo Nacional de Bella Artes guarde alguna pintura que refleje esa aventura adolescente de fugarse de la escuela. No hay trascendencia salvo esas hormonas que dan vueltas bajo una tormenta de besos en pleno Buenos Aires. ¿Qué será? Luego de lo que fue no se sabe qué esperar. Tanta sensualidad puesta en escena que no se puede escribir nada. El mundo encandila con sus luces (es difícil ser la luz del mundo cuando se está ciego viendo los fuegos ajenos).
       No sé por qué pero un día alguien me dijo que yo no podía ser sal de la tierra porque soy muy dulce. Creo que corrompió mi inocencia. A pesar de todo, intento decir la verdad día a día aunque sé que soy tan pero tan dulce que ya soy empalagoso (así me dijo una compañerita que jamás olvidaré y que no es la chica de la historia). La juventud es una vanidad muy hermosa; es hermosa pero se va como un vapor de todos los colores hacia las regiones celestes del pasado. Se va junto a toda esta nostalgia que dejo escrita en estos renglones mezquinos de amor y emociones. Se va y no volverá más que en otras palabras seductoras llenas de influencia.

      La revolución cultural empezó el día que me besó con la intención de convertirme en un ciudadano del mundo sin religión ni compromiso alguno con el concepto de Patria. La única moneda universal es la paloma de la paz en su mano y la única propiedad privada es el amor que hay en su corazón...

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