Monday, August 26, 2013
Sueños locos XI (el wachiturro cogiendo con la culisuelta).
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El sábado a la noche me encontraba yo en la soledad de mi domicilio escribiendo algunos artículos. No suelo salir de madrugada. Escribo. Solo. Inexistente vida social nocturna. Me quedo en casa pensando en literaturas extravagantes y me cuido de las borracheras y los fríos. Hace años que no tomo nada. Estoy más sano y santo que nunca. Cero alcohol, cero drogas (nunca tuve el hábito de fumar pero sí de hacer cosas peores que vergüenza me da contar). Me entrego de lleno al deporte y a la lectura en este tiempo nuevo y luego me doy a estas locuras que ustedes leen con odio. Así es mi ascetismo perverso. Soy un sacerdote del siglo XXI. Pero esto es puro prólogo. Solamente quería narrarles algo que me pasó y que me dio una terrible crisis de nervios con escalofríos, nauseas, perdida del sentido de la realidad y pesadillas nocturnas con lapsos de insomnio: me encontré a un wachiturro cogiendo con una una culisuelta. A continuación daré más detalles. A los que sean sensibles les pido que lean otros textos míos porque esto que se viene es más zarpado que un tumbero enloquecido por la paja y la marihuana...
Yo estaba sentado frente a mi máquina y escuché potentes gemidos de mujer (eran más de las tres de la madrugada, la hora de Satanás teniendo en cuenta que Cristo falleció a las tres de la tarde). No sabía de dónde venía semejante excitación. Quizás del piso superior donde unos negritos cumbieros estaban haciendo una "joda". El canto de la fiera era realmente perturbador. En un edificio de familias, niños, niñas y ancianos no corresponde semejante espectáculo pornográfico. No me molesta que la gente haga sus cosas en privado pero sí me revienta el exhibicionismo y los ruidos molestos. Así que me levanté de mi asiento y me acerqué a la puerta para ver qué estaba pasando. Abrí con mucha discreción. Bien sabía que podía ser un ardid para robarme y engañarme con ese lascivo cantar de sirena bailantera (no iba yo a permitir una "entradera" pues me prefiero muerto antes de que le toquen un pelo a mi familia). Al salir de mi departamento supe que la voz ensordecedora surgía de la escalera que va al piso de arriba. Me acerqué rápidamente como un comando policial altamente entrenado y vi a una cola marrón agitarse con vértigo en una cabalgata desenfrenada. El coito era vaginal pero solamente se podían ver los repugnantes glúteos marrones de la experta jineta (se movía como una profesional). Si hubiera visto los genitales de la menor de edad, ahora estaría internado en un hospital fruto del estrés postraumático. ¿Por qué digo que era menor? Porque volteó su rostro al sentir mi presencia y contemplé sus rasgos de adolescente drogadicta con claridad meridiana. Típica morochita puta de estas que abundan por la zona sur de la ciudad...
Les dije que no podían hacer eso ahí y que por favor se fueran. Al acercarme al primer escalón también vi la cara del sujeto: un tipo de tez trigueña, entrecejo superpoblado, cabello negro y ojos pardos. Ambos tenían la piel picada por el sol, la mala vida y la pasta base. Y puedo asegurar que ambos estaban enfermos por su promiscua existencia. Demacrados. Llenos de granos, ojeras, marcas y decadencias de todos los colores. Seguramente esa escoria se sintió intimidada ante una mirada verde como la mía y un porte viril y enérgico como el que me caracteriza. Un sujeto blanco y enojado da mucho miedo. Yo en ningún momento levanté la voz. Hablé con seguridad y convicción. Una vez que di la orden de desalojo, me limité a volver a mi lugar. Me quedé detrás de la puerta esperando represalias, amenazas, peleas, gritos y pleitos con todos los amigos que ellos tenían reunidos en el departamento de arriba en esa fiesta macabra. Nunca atinaron a vengarse porque yo les haya cortado el polvo en seco como a los perros. Solamente le escuché al pibe preguntarle lo siguiente a la putita cabalgadora: "¿Qué dijo?" Ella contestó: "Dijo que no hagamos ruido". Lo tomé como una ironía por parte de la yegua. Creí que iba a seguir con su danza siniestra y estaba preparado para volver pero esta vez con violencia física para con el receptor de sus conchazos (a una mina no se le pega por más que sea falopera, chorra, puta y borracha). Esperé y esperé mas mis oídos fueron testigos de la retirada de los invasores de palieres y escaleras. Al rato salí con mucha cautela para ver que efectivamente se hayan ido los salvajes unitarios y comprobé con mis propios ojos que el ritual demoníaco se había consumado en esos movimientos frenéticos propios de negroides subdesarrollados. Obviamente que antes de salir miré todo a través de la mirilla. Para eso está, ¿no? Lamento no tener cámaras...
Una vez que retorné a mi casa, me dio un ataque de temblores, movimientos involuntarios, pánico, locura y confusión. No entendía nada. Me sentía violado. Es una sensación muy extraña que dos extraños follen casi en la puerta de tu vivienda. No me gusta sentirme atacado en mi tranquilidad y en mi paz interior. Uno está tranquilo en su hogar y con sus cosas y de repente una puta barata y un chorro vienen a cortar el idilio con uno mismo que es la soledad. Sé que este tiempo para mí es una cruz de malos trabajos, necesidades, pobreza, austeridad, encierro, estudio, sacrificio y frustraciones laborales y sentimentales. Acepto la yeta de este triste y solitario presente pero bajo ningún punto de vista voy a tolerar robos o fornicaciones en el edificio en el que yo vivo. Todo tiene un límite. No soy mojigato ni puritano pero tampoco la pavada de bancarse una garchada en tu pasillo o esquina. Todo bien con todo pero hay leyes hasta en el mismo Infierno y esto nos lo dice Dante. Además creo que en este caso hubo estupro o corrupción de menores. O tal vez se trate de una mujer de veinte pero muy menuda ella por la falta de alimentación y el consumo de drogas. Yo no lo sé todo. A mí nadie me ayuda en nada y acá el Estado parece no existir para ocuparse de estos vagos que se entretienen de malas maneras.
Pero todavía hay más: hasta soñé con estos locos fornicarios de mierda. Me costó mucho dormirme entre los mareos, los temblores y el pánico. La vía pública y los lugares comunes de los edificios son sagrados. Pueden ir estos salvajes a copular en lo oscuro de sus cuevas pero no en sitios donde transitan las personas de bien. La subversión en las costumbres me parece algo muy grave y no le encuentro ningún valor desde lo ideológico o político. Es todo un insulto al Estado y a la Sociedad ponerse en esa pose rebelde de hacer las cosas sin conciencia del bien y del mal. Al día siguiente inspeccioné el lugar de los hechos y vi colillas de cigarrillos y envases de bebidas vacíos en el descanso de la escalera mas no he visto profilácticos usados. ¿Es posible que traigan más seres a este mundo a sufrir la nefasta y pesada herencia familiar?. No viene al relato la mención de mi peritaje. Estaba con la parte de la pesadilla que terminó de coronar una noche de mierda: eran casi las 4 a. m. cuando me metí en el sobre en medio de los nervios y la alteración. En algún momento, entre las pausas que me dejó el insomnio, conseguí conectarme con el inconsciente y ver cosas más terribles todavía que esos enfermitos morales. Mejor dicho, los volví a ver pero en una reminiscencia más atrevida de ambos y ya en una actitud que si fuera real podría terminar por enloquecerme del todo. Es mucho decir algo así pero sí...
¿Hace falta decir que no podía distinguir entre sueño, vigilia, temblores y realidad? Estaba en un estado de afectación total. No me gustan las palabras gringas pero sí, me encontraba en "estado de shock". Ya en lo soñado de este asco ocurrió lo siguiente: yo me despertaba en medio de la noche al sentir ruidos extraños en mi comedor y hacía allí me dirigía para ver qué ocurría. Ahí me encontraba a los mismas lacras pero esta vez en la posición del misionero. Yo los echaba con gritos y violencia y el pibe me decía que no me podía prestar a la chica pero que permitía que yo mire si era mi voluntad. Ahí nomás le metía un trompada en la boca y lo empujaba fuera de mi morada totalmente ensangrentado ante el llanto desesperado de su pareja. Luego cerraba la puerta. Ahí terminó la pesadilla que coronó una madrugada para el olvido. Se puede decir "yo soñé" pero no se puede decir "yo pesadillé". ¿Qué opinan de este neologismo? Los hombres de bien ya no soñamos sino que "pesadillamos" y así está el mundo que no tiene nada bueno ni siquiera en el fondo de la mente. Los ensueños y las imágenes oníricas han muerto aplastadas por el peso de una existencia social abrumadora e intolerable...
¡Bienaventurados de los que no vieron lo mismo que yo! A pesar de todo me encuentro bien. Solo que me molesta que mucha gente me trate de loco por verme afectado por un incidente así. ¿Acaso es normal que los drogados se den matraca en las escaleras, palieres y lugares comunes de los edificios de viviendas familiares? ¡Dios me libre y me guarde si esta anormalidad es la regla de hoy! ¡Más me valdría haber nacido en otro tiempo! Pero sí, parece que el equivocado soy yo por respetar las normas de convivencia. Ahora vale todo: porrearse en una plaza, coger en cualquier parte, emborracharse en la universidad, blasfemar en las iglesias. Esto es muy fuerte para mí. Mis potencias internas están conmovidas fruto de tamaño disgusto. Ahora ando con diarrea de tanto nervio vivido en las últimas horas. ¡Así no se puede viejo! ¡Así no, no, no, eh! ¡Así no que me vuelvo loquito y los cago a palos a todos carajo! De todas maneras se me ocurrió una idea maestra: voy a tener siempre un balde de agua en el comedor y cada vez que escuche a estas bestias garchar, iré y mojaré a los amantes para que se despeguen rápidamente. Como si fueran perros...










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