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Tuesday, January 15, 2013

Discurso de otros tiempos.

        

          
       Una lluvia de calumnias injuriosas ha estropeado mi reputación y mi buen nombre. Miles y miles son las leyendas que se tejen sobre mi persona no habiendo ninguna que haya sido autorizada por mi persona (los mitos urbanos son creaciones de los mitómanos).
            Se dice que soy un hombre peligroso. Tal vez sea nocivo realmente para aquellos que quieren mantener el actual estado de cosas. Yo puedo ser visto como un ateo negador o como un fanático religioso por grupos que se valen de las antinomias de los hombres para destruirlos. En verdad soy un enemigo de la falsa moral y un hijo de la Naturaleza y sus eternas leyes.
             Se pueden conjeturar muchas cosas sobre mí pero no son más que productos de la imaginación ajena. No obstante esto quiero decir que yo soy la mejor fuente acerca de mí mismo. Se diga lo que se diga también deberá oirse la otra campana y esa es la que tengo en mi voz gruesa lista para mi descargo...

              Dije esto en el juicio pero el jurado, conformado por burgueses, pidió mi muerte. El juez dijo que yo era inocente de culpa y cargo pero la gente seguía pidiendo mi cabeza. Entonces el magistrado les advirtió a los presentes que él no tenía responsabilidad sobre mi sangre. La chusma dijo que era ella la soberana en la asamblea. Fue ahí que me golpearon casi hasta morir. Una vez consumada la infamia nadie se quiso hacer cargo de tamaña vileza. Todo quedó en el anonimato cobarde de la masa. Nadie a quien juzgar por la flagrante injusticia. Cuando gobierna la tiranía del número nadie es responsable de sus actos. Me sentí bien al recordar las palabras del sabio que decía: "Es preferible padecer una injusticia en lugar de cometerla".

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