Monday, April 15, 2013
Fiebre y temblores.
En pañuelos blancos vuelo al calor más grande que hay en mi cabeza. No puedo descender. Estoy atrapado en esta enfermedad que cada tanto me asalta. Frío es lo que siento y eso hace que me caliente la carne como si esta estuviera puesta en la parrilla de la esquina. Me estoy quemando de tanto tener escalofríos sin final. Es todo muy raro. Si escribo mal es porque soy un pésimo escritor, lo sé, y porque no tengo nadie que me inspire en mis ratos libres. Ningún momento de distracción en medio de esta ciudad de odio y de fatiga. Nunca vuelve a mí la magia.
Me siento encerrado por palabras que son hechos ajenos mas nunca propios. Yo quisiera escribir oraciones largas, bien largas y subordinadas a sí mismas pero me encuentro ya sin fuerzas y siento que se me corta la respiración. Hablo rápido porque pienso rápido y mal en el fragor de esta calentura nocturna sin abrazos ni besos. En la soledad de mi ventana "riachuelense" busco un paisaje mejor que las luces de Lomas de Zamora y la quietud del lago del Autódromo. Diez niveles de desesperación sobre una existencia saturada de sí. Me siento mal por esforzarme a cambio de las sobras. Creo que un perro come mejor que yo.
El trabajo es salud si es en blanco. Si es en negro creo que es peor que la enfermedad misma. Cuando uno trabaja en la calle y sin papeles, está expuesto a multitud de accidentes y lesiones que solamente Dios pagará. Es triste pero no soy el único peón que está en la calle totalmente regalado (un ajedrecista "ruso" nos mueve y ay de nosotros si nos lo movemos a él). El yo pasa a ser nosotros en esta dura realidad social que atraviesa la Argentina. Caos, caos de caras y de pueblos y abominación a los ojos del Señor esa mentada fraternidad de masones, ateos y comunistas.
Espejos de una tarde sin cristales se elevan en medio de la vereda jamás redimida por baldazo algunos En el aire flotan papelitos que muestran mujeres como objetos y en el cielo no se ve nada más que las marquesinas de un banco propiedad de algún oriental o medio oriental (el imperio del dinero sienta sus reales en todas partes y se caga en nosotros pues solo somos números de una calculadora de Satanás). A veces quisiera perderme en un vendaval de tiros y de trompadas para no despertar jamás. Vano es atravesar la ciudad como un miserable pobre encargado de limpiar la soberbia ajena.
Ya no hay que decir, hay que hacer. Y yo ahora pretendo dormir la eternidad del sueño para luego renovarme y transformar la vigilia a imagen y semejanza de mis amaneceres irreales. No hay nada, no, no hay; no hay nada que me libre de la insoportable carga de ser yo en medio de obligaciones impuestas, usureros, deicidas, comisarios, prostitutas, feministas y feministos, tarados, mequetrefes y merengues que se la dan de bananas (de solo pensar en las frutas y los dulces me asaltan deseos de tomar licuado pero al ver el origen de la mercancía siento ganas de vomitar). A veces prefiero morirme de hambre en vez de comerme a los salames que se venden como plato fuerte cuando en verdad son pura grasa, puro asco...


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