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Saturday, September 14, 2013

Tardes extrañas (figuras extrañadas).

     









        Ayer era en las calles del hermoso Paco Patricios. Prefectura y Aquaman retorciéndose como peces fuera del agua. El destino de los que andan otro camino. Por avenida Caseros se contó la historia del justiciero que tocó de acá por bancarle la parada a los subversivos. Con una minita a tomar caipirinhas. Cosas de la vida. Marcha rumbo a algún bar de buena existencia. Dos cafés, seis medialunas, una charla, cero lágrimas, mil sonrisas y un millón de historias. Remolinos de vellos púbicos de hembritas perdidas en otros bares, en otros lares, en otros mares bajo otras sales. Sin besos ni perfumes. Charla de hombres de buena raza, pura impronta, pura fascinación, un sol que aparece solo cuando está frío y sombrío el día de la tarde gris porteña. Es como Dios que aparece cuando todos se borran. De fondo están los enfermos, los hinchas de Huracán, las trolas de la Cámpora y las guachas bien perras que muestran la cola a cambio de una billetera bien hinchada. No hay nada más que un horizonte lejano en un fondo de lluvia alrededor de una pantalla verde de gritos moribundos y gemidos desesperados que esconden una legión de demonios...
         Si las noches son mágicas en la ciudad de Buenos Aires, entonces las tardes son de Dios... ¡A bailar! Ayer mirando. Dos tipos charlando. Quizás yo era uno de ellos. Nadie lo sabe. Pero se preguntaron la vida luego de tanto tiempo sin verse. Lluvia de cielos, nubes y fríos en una evocación de muertos y desterrados. No quiero perder la pierna en un cruce pero sé que puedo gambetear si me da la habilidad. Se hace difícil correr en cancha mojada pero hay que jugársela. No sé qué puede pasar pero voy a dialogar un poco conmigo mismo y con mi interlocutor de ayer para que vean cómo se cocina la historia en la mesa de un café. La verdad es que tengo ganas de ir a verte y raptarte algunas ahora pero ahora tengo que contar algunas cositas tuyas solamente para embellecerme bajo tu luz. Vos sos tan bonita que podrías hacer linda la misma muerte...

- ¿Cómo te va, Alan querido? ¿Estás saliendo con alguna chica de la Colectividad? -
- No salgo ni con judías ni con cristianas. Estoy hecho un oficial prusiano. No le doy bola a nadie. Estudio casi todo el día, leo, salgo a caminar, corro; la paso bien solo. Prefiero estar así por más que caretear con esa gente podría beneficiarme. Pero no me va esa. Yo soy católico, no hipócrita.-
- Seguramente te siguen las chicas de la Cole por lo blanco que sos. No salen con gente de tez oscura. ¿Te diste cuenta de eso? Creo no equivocarme al decirte esto.-
- Es cierto. Es algo así como una eugenesia que ellos hacen. Son más racistas que nosotros y van por ahí seleccionando gente de buena raza cuando se ven obligados a ello. No se puede vivir del incesto y de la endogamia. A veces hay que salir.-

           Risas en medio de medialunas. Rusia. Los austriacos nos comíamos a los turcos antes de que ellos nos coman a nosotros. Nadas, nadas; no hay una sola nada. De repente todo se terminó luego de casi tres horas de conversa. Nos fuimos. Cada uno por su lado. Entre el humo del té se perdió usted al recordar las flores de mis ojos. ¡Ay señorita que no recuerda más que aquello que le conviene! Ausencias florales y amigos geniales aquellos que yo poseo. Se fue él y yo encaré para el lado de Pompeya ensayando piñas imaginarias destinadas a asaltantes fantasmas. Por avenida Almafuerte hasta la estación de tren. En el camino vi a algunos prefectos en la puerta de un puterío (perfectos holgazanes). No creo que estuvieran laburando. Para mí que cerraron el boliche para cogerse a alguna sirenita loca de esas que abundan en el Sur. Desde tiempos inmemoriales los vigilantes cedieron ante las trolas. ¡Ay de los centinelas que descuidan la guardia por un par de tetas y un tajo! En la cabeza me llevé un tango punk de cobanis y cipayos que se hacen los boludos cuando corren los papeles. De fondo, la inmejorable postal del Puente Alsina. ¿No estará mi reina esperándome del otro lado? Siempre hay que ir al fondo, siempre se vuelve al mismo lugar; la noche se hace norte cuando se empieza por los lares de la postergación. ¡Ay si hubiéramos tenido un enero!
              Me subí feliz al tren al saborear la sabiduría que mi amigo me dejó. Buen tipo. Me invitó un feca en un tiempo en el cual ando más seco que una piedra de esas que se fuma el Chino (el dorima de la rubia que tanto me gustaba). Y ahí se fue el gringo agradecido de mi presencia. Pero yo estaba rodando las vías de la vida moderna. Un peso el boleto a Villa Madero. Un peso nada más. Sube todo, todo sube pero poco es un peso para ir tan lejos. O quizás sea caro pagar por viajar en ese vagón lleno de vagos y vaguitos. Yo esperaba chorros, facas y púas afiladas. Todo en todo. Cruzando el puente metálico de avenida Del Barco Centenera. Esperando solamente mas no lamentando la soledad de mi viaje de placer. No sé por qué pero se me ocurrió agarrar un mapa para asegurarme que estuviera yendo al lugar correcto (tenía que ir a Villa Insuperable pero me confundí porque la otra vuelta di varios giros por toda esa zona de La Matanza en torno a la avenida Crovara). Me bajé en la estación Illia para tomar el premetro y luego el 103 hasta mi destino. No importa eso pero sí todo lo que viene a continuación. Es demasiado...
           Esa gran lata de tren paró. La puerta no abría. Corrí hacia otra puerta antes de que arranque la vieja locomotora del Belgrano Sur. Bajé de un salto antes de quedarme arriba. Una vez en el andén me encontré con una mujer que se estaba tocando el pubis. Una morocha interesante aunque bastante baqueteada. Tendría unos treinta pirulos. La miré no sin escándalo en mis verdes ojos. La miré y ella me miró y me preguntó: "¿Qué pasa?". No supe qué decir. Seguí antes de terminar cadáver en el otrora Parque de la Ciudad. Caminé tranquilo pero un tren que iba hacia el otro lado me sorprendió con su bocina tan potente y prepotente. Se caía el mundo de tanto amor. La puta quedó lejos pero yo insulté su memoria en mi mente llena de estrellas y estrellitas. Pasé el puente de la autopista de mi fantasía y alcancé una quimera de paz en una esquina que miraba a los despintados monoblocks de Soldati. Hacía un frío de cagarse pero un indiecito en pantalón corto pasó cagándose de la risa. Se movía como epiléptico. Un paquero, un basero. Yo lo miré tratando de evitar movimientos rápidos en mi contra. Pasé el laberinto del ferrocarril tomando distancia respecto a él. Me dijo: "¿Qué te pasa mogólico?" Le dije "ningún mogólico, mogólico sos vos negro chorro hijo de puta". No dijo nada el negrito cagón. Yo quería que me corra, lo quería cansar, hacer que dé vueltas a la manzana y emboscarlo en avenida Cruz una vez que estuviera fatigado. O de última, que lo coja algún gendarme caliente de esos que andan por ahí. Pero esto sigue...
            Yo alcancé la estación del premetro. Del otro lado del alambrado está la estación del tren que va para el lado de Pompeya. Esa zona es un nudo confuso de andenes y miradas, un lugar de trasbordo, todo pasa por ahí; es uno de los últimos refugios de la barbarie en Capital. Nada. Un vago barbudo y muy delgado vestido de negro me habló del frío. Yo le dije que sí, que hace frío. Y me dijo que se estaba congelando a pesar de estar tomando vino desde la mañana. Ya era de noche. Cerca de las 21 hs. La tarde tan elogiada por mí devino en una noche de funestos presagios cabalistas. Ahí nomás pintó un pinta de mala muerte jalando y pitando sustancia en un cañito de metal. Al toque vino el premetro y me fui a la mierda. Una vez arriba de esa especie de tranvía pensé en contar todas estas cosas para mi recuerdo y para aquellos que no son del lugar. Sepan que es una experiencia verdaderamente antropológica andar por los pagos del sur una vez caída la oscuridad en la ciudad. Barrios de machos estos si los hay. Flotan en la atmósfera los bravos epítetos bélicos. "El aire se corta con una navaja". Y ahí pasó que entre una ensoñación y otra me encontré comiendo pizzas y empanadas en Villa Insuperable mentando la peligrosidad de la villa Las Antenas...

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