Monday, October 8, 2012
Amanecer en el Hospital Psiquiátrico Tobar García.
La lluvia gris se desató sobre la escuela. Gustavo miraba por la ventana mientras la profesora hablaba de la igualdad entre los hombres y otras fantasías de la literatura popular. La realidad del muchacho era que unos monstruos oscuros de ojos negros como la noche lo perseguían para matarlo. Muchas veces lo había denunciado en preceptoría pero le decían que estaba loco. Algunos preceptores admitían la existencia de los kopas pero se excusaban de intervenir so pretexto de que la Asociación Protectora de Animales ejerce un lobby muy poderoso en pos de sus intereses.
Gustavo miraba caer la lluvia sobre el suelo liso del patio. Se imaginaba a sí mismo sobre una nube derramando lagrimas de ternura por la vida que había dejado atrás. Soñaba que ese manicomio llamado escuela habría de terminar algún día. No podía creer como en un lugar que debería ser templo del saber se daban cita criaturas monstruosas nacidas de las peores pesadillas del inframundo. Como demonios anhelantes de vida balbucían sonidos ininteligibles a la espera de asustar a algún incauto dispuesto a ceder algunas gotas de sangre o de cobre.
En ese edificio de concentración estatal los maestros de la fornicación enseñaban a amar vilmente a todo ente cercano y lejano. Estos perversos barbudos eran a su vez anteojudos que le decían a las niñas cómo tocarse en soledad. También habían perversas brujas que iniciaban a los mancebos en las más repugnantes artes de la antigüedad. Un falso amor se fumaba en el aire así como se aspiraba el sinsabor de la muerte. Todo esto ocurría en las mismas narices de un rector que nada decía el respecto.El colegio se llamaba Pingo.
Gustavo seguía mirando la lluvia. Miraba como esta caía y como los monstruos emitían ruidos semejantes a gritos. Las bestias oscuras bailaban bajo la lluvia ante la mirada indiferente de la policía que pasaba al lado del patio de la escuela Pingo. Nadie decía nada. El humo se elevaba por sobre las columnas del templo del saber y ningún bombero se presentaba a apagar ese incendio que abrasaba almas, pulmones, cabezas y corazones. Tanto poder tenía la corrupción en esa escuela que el vicio se hacía ley de la noche a la mañana.
Gustavito tenía quince años y ya se sentía derrotado por la vida. No veía ninguna oportunidad en un país donde los vagos toman vino en cartón y las sucias bailan toda la noche hasta que sale el sol. Esta historia la escribo en el tiempo pasado pero bien podría ser la pesadilla en vivo y en directo de miles de jovencitos que padecen bajo la ignominia del régimen vaguista. ¿Qué podía hacer este chico ante tamaño descalabro? Muchas veces le descalabraba la mandibula a esos hologramas andantes pero ellos siempre eran más y varias veces lo mandaron al hospital .En este tramo de la verdad y la mentira se hace imposible distinguir entre espíritus, monstruos, bestias, figuras y seres antropomorfos. La única certeza que puede transmitir este relato es que no hablamos de hombres en el sentido estricto de la palabra.
Muchas veces los kopas iban armados de cuchillos y pistolas a la escuela. Era obvio que no querían estudiar. Simplemente querían zafar de la perrera municipal. De paso recibían dinero estatal que cambiaban por el alimento desbalanceado llamado Drogui. Da asco pensar en la apariencia de estos animalitos que Gustavo veía a diario en la escuela pública de Villa Villita. Llenos de marcas y metales decían que eran tatuajes y aros. Como carne a Baal iban todos juntitos al carnaval en un febrero invadido por el olor a miércoles. ¿Qué más decir de estos innombrables?Justamente que no se los puede nombrar: Llamarlos por el nombre es un acto de discriminación severamente castigado por un Estado canibal que se vale de estos carnavalitos para poder ser y para "poder poder".
Los kopas siempre andan juntos por la ciudad o por los arrabales. Es difícil que hayan kopas en el campo por más que tengan un origen mezclado en lo rural y lo salvaje. Ellos son ratas de ciudad. Nunca aceptaron dignificarse en un entorno natural y distinto. Siempre vieron en el medio urbano una posibilidad de vivir parasitariamente. Son chupasangres por excelencia. Algunos kopas andan la noche en soledad pero son patrullas perdidas de la oscuridad. Estos bichos no suelen ser solitarios. Son encarnación del instinto gregario. Rara vez los kopas se meten en un cine o un teatro. Son animales casi imposibles de domesticar.
Una tarde Gustavo fue de excursión al teatro a ver una obra inspirada en Don Segundo Sombra de Ricardo Guiraldes. Año 2004. Ya dije que los kopas no suelen ir a lugares donde haya luz intelectual. Le esquivan al bien como los ladrones al sol. A propósito, ¿por qué se llaman kopas?Porque kopan todo: Escuelas, hospitales, cárceles, clubes, estadios, calles, avenidas, plazas, parques, comedores, iglesias, piletas, playas y otros sitios de interés público. Es obvio que kopan con el objetivo de devorar la carne blanca y blanda de los hombres y mujeres de bien. Lo más indignante es que muchos kopas son especies alógenas. Los kopas son también okupas. El copismo está en todo y en todos ;en toda y en todas. Es la filosofía del meter. Estos son los que llenan el transporte público.
Les decía este servidor que Gustavo fue de excursión junto a los kopas y a la gente linda y buena de la Escuela Inferior Pingo. Ya en el teatro las luces se apagaron para generar un clima propicio a la aparición de un diablo gauchesco. Un kopa con pinta de espantapajáros gritó "¿quién apagó la luz?" Gustavito sintió vergüenza de estar con esos bipedos que usaban gorras para tapar su fealdad hereditaria. Pocas veces miraban a los ojos por temor ser identificados. Lo más penoso es que muchos iban al colegio con custodia policial (ningún zoológico quería hacerse cargo de la situación).
La obra le gustó a Gustavo aunque le pareció un poco simplona la interpretación. Se sentía subestimado por la companía teatral. Él estaba acostumbrado a asistir junto a su madre a todo tipo de espectáculos. Sin embargo se dio cuenta de que peor era estar en la Escuela Inferior Pingo junto a esos kopas que le tiraban piedras, piñas, patadas y la peor onda del mundo. Se subió al micro y se sintió feliz al saber que ese día no tendría que soportar acosos de ningún tipo. Ahora los especialistas caretas hablan de bullyng pero no hacen nada para prevenirlo.
Gustavo llegó a la escuela y fue corriendo al baño porque no daba más. Se quiso sentar en el trono escatológico pero no encontró papel para limpiarse .Le pidió higiénico a todas las personas del lugar y nadie le dio .Le dijeron que no había ese elemento tan necesario ya que los kopas tenían la maldita costumbre de tapar los inodoros y practicar vandalismo y raterismo de todo tipo. Gustavito se cansó y al grito de "negros de mierda, los voy a matar a todos" se fue del lugar. Las cosas por su nombre...
En esta oscura institución
del barrio de Constitución,
los transas y la prostitución.
Amanecer en el Tobar
y la vida se me va,
mi locura y mi soledad.
Fase de experimentación,
soy conejillo de indias,
testeo de medicación,
es el fin de mis días.
No me puedo retobar
porque aquí he de morir,
no me puedo ir del Tobar
aunque no pare de sufrir.
Esta vil y triste realidad,
soy la vergüenza social,
mi vida no vale nada.
¿Quién vendrá a reclamar?
Tristeza de la eternidad
y pobreza de siempre llorar
Pastilla más,pastilla menos,
yo me muero en el Tobar.
Esta preciosa pieza de poesía escribió Gustavo estando internado en el manicomio para jóvenes llamado Tobar García. El doctor Guachosvky - no sé cómo se escribe su apellido pero me dijeron que es un guacho - lo atendía. El muchacho fue a parar ahí porque los kopas cobardes lo mandaron al frente. Tenían miedo de este valiente muchacho que siempre se defendía a golpes de puño de los bandidos ahora escondidos. Esto de las masacres escolares en la Argentina y el mundo asustó a los cola de paja de los kopas inmundos. Gustavito es incapaz de matar a alguien pero por haber gritado "¡negros de mierda! ¡Los voy a matar a todos!" fue privado de su libertad (él se enojó al no encontrar papel higiénico en la escuela en el fragor de una cagadera).
El doctor Guachosky lo insultaba mientras le aplicaba drogas experimentales: Los kopas bailaban del otro lado de la ventana del consultorio a la par que gritaban y festejaban la desgracia de su enemigo mortal. Nadie se atrevió a reconocer la existencia de este mal de nuestro tiempo. La gran victoria del Diablo en nuestros días es que nadie cree en su existencia...

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