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Thursday, October 25, 2012

El meteperro.

                
             Un centro comercial enorme. Muchas tiendas y mucha gente. Mucho mucho. Muchedumbre. "Muchitud". Un individuo de nombre Juan Levy se dedica a cazar clientes. ¿Qué vende? Lo que sea. Es una bestia de las ventas. Dicen que es un genio. A mí me parece que es un materialista y un oportunista. En este tiempo presente vende paquetes de turismo pero en este capítulo de hoy vamos a contar la anécdota de los usados: Era tan hábil que se montó un negocio de usados en medio del lujo burgués (el Kirchnerato fomenta el consumo de productos innecesarios para crear la iluisón de prosperidad en las personas). Obvio que se tuvo que ir a la mierda porque es un vendehumo de aquellos.
           Sabemos que en el Conurba todo puede pasar. Si dentro de Capital pasan cosas, ¿cuánto más puede pasar en las afueras de la gran ciudad? Resulta que Juan se dedicaba a vender todo tipo de objetos. Lo que sea. Hasta vendía mascotas. Si fuera legal el tráfico de esclavos, de seguro tendría un par de morochones grandotontotes a la espera de ser subastados. Y la anécdota de los usados nos lleva a hablar de un pobre perro abandonado.
              Juan Levy tenía un empleado en negro cuyo nombre era..., digámosle José para preservar su identidad. José tenía que "enchufarle" todo tipo de baratijas a precio oro a la gentuza que iba por aquellos pagos. En esta oportunidad se vio obligado a meterle el perro viejo a una rubia cuarentetona que estaba más fuerte que el ají putaparió.

- José: Métele el perro a la señora esa que va caminando por allá. La experiencia de feria persa me dice que la veterana se va a llevar al animal y nos va a dar un dineral. Vos métele el perro que va a estar todo bien. Mete, mete y meté y que no te saquen nada.-
- Yo le metería otra cosa a la veteperra.-
- ¡Metele lo que quieras pero hacé plata!-

            La pendevieja parecía buscar una pendeverga con esa cara de rubia adicta al gimnasio y a los masajes. Hay que decir, nobleza obliga, que los ojos azules que ostentaba eran dignos de un ángel pintado por Miguel Ángel. Esto no quita que sus enormes tetas y su cola de fuego opaquen el relato de lo ocurrido. No importa. Voy a proseguir a pesar de la tentación que me embarga. No es mi intención inmiscuirme en el pecaminoso camino de la literatura erótica. Podría hacerlo pero le quitaría el "trabajo" a gente muy poderosa. La Delegación Argentina de Instituciones Ateas me demandaría por competencia desleal dado mi gran talento para las inmoralidades. También me demandaría la Asociación Mutual Individualista Argentina.
         Me pierdo en el racconto de mis enemigos. Soy tan hijo que podría pasarme toda una vida escribiendo historias sobre aquellos que saludaron a mi madre no solamente el tercer domingo de octubre (eso que mi vieja solamente tuvo tres pibes que yo sepa). Para no perderme voy a reencontrarme en el relato del meteperro: José se le arrimó a la bierru y le ofreció una birra. Ella aceptó y ahí nomás empezaron a chamuyar sobre bichos.

- ¿Te gustan los perros mi amor?-
- Me gustan los jovencitos como vos.-
- Gracias. Sos divina. Me gustaría obsequiarte ese perrito que está ahí. Es un Lanorian South y vale cien dólares. Si tenés trescientos pesos te lo llevás.Y si no tenés plata aceptamos cualquier objeto de valor equivalente. Es una oferta única. Me veo obligado a venderlo para poder ayudar a la Sociedad Protectora de Animales.-
- No hace falta todo ese verso. Sos hermoso. Sé que es todo cuento pero te doy quinientos porque sos un chico muy lindo, educado, seductor y apuesto. Sé que no hay laburo y por eso tenés que meter el perro a morir. Sé también que te gustaría meterme el ganso y me siento contenta de ser vista como una clienta tan distinguida. Ahora me voy pero antes te dejo mi tarjeta. ¡Llamame Amor!-

                 Al rato volvió Levy y encontró a José con la mosca en la mano. Lo felicitó. No lo podía creer. ¿Acaso José era un vendedor de raza? Difícil. El pibe da aspecto de colectivero o de merquero pero no de vendedor. Algunos dicen que comerciante no se hace sino que se nace. Puede ser que se lleve en la sangre el arte de negar el ocio y hacer negocios pero la necesidad enseña y es maestra de mucho hombres en todas partes.

-No quiero saber cómo hiciste para vender. El fin justifica los medios. Tenés talento. Te voy a hacer mi mano derecha pero ojo con tocarme las bolas diciendo que sos mi mano y que estás haciendo la del mono. Nadie me toca el culo. ¿Te queda claro?-
- Prefiero tocarle el culo a la rubia que se fue.-
                  

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