Pasó a mi lado la comparsa en el día en el cual se coronaba a la reina de las arpías. Sus sienes fueron laureadas con penes como no podía ser de otra manera. Ella saboreaba un dulce ante la vista de todos. Carnaval veraniego. Carne a Baal. El Diablo se deleitaba al ver a una jovencita supuestamente elegida por Dios. Espectáculo trágico. Yo comencé a reirme de todo lo que veía para no llorar más. En el momento menos pensado me dediqué a arrojarle huevos al desfile de mujercitas inmorales. Fui el héroe de la noche porteña una vez más.
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