Saturday, June 29, 2013
La paz es el cadáver de la guerra.
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Sueños.
Calles de Buenos Aires mezcladas con sueños y humedad: este es el lugar de la historia que ahora sale a su encuentro... Imaginen una montaña de dinero. Ya está todo dicho: hay un idiota dispuesto a dilapidar los resultados de sus esfuerzos. Entonces surge repentinamente otra alternativa: la santidad de seguir de largo por el bien de sí mismo. ¿Cuál es la opción correcta? Lo que se debe hacer para el personaje que en este mismo instante existe no tiene mayor relevancia para otros pero para mí sí...
Este ser del presente continuo no derrocha su sudor en el calor de un sauna que lo dejará seco; tampoco sigue el camino que antes creyó que era el único posible para una supuesta "salvación": este trotamundo no mira el más allá ni el más acá sino que lo mira todo para luego ver la nada (luego de ver la nada, cualquiera se da cuenta de que es alguien y que merece dignidad. Entonces el infinito pasa a ser finito y lo efímero pasa a ser eterno sólo por la voluntad de un hombre que se halla a sí mismo muy por encima de todas las cosas).
Cuando el sin nombre supera todas las especulaciones fantasmagóricas y las nulidades cotidianas, viene el momento de conquistarlo todo mediante una ciencia que es magia para el que no sabe: ahí empieza todo nuevamente para bien de las naciones nobles que quieren conquistar el espacio...
Estas fueron las últimas palabras de alguien que se calló para siempre, alguien que se fue a vivir al medio de lo inconmensurable con tal de escaparse de sí mismo. Ver, poder y ser. No hay más que intentarlo. Y es Dios el que lo llevó al olvido de su ateísmo. ¿Cómo fue? Nadie lo sabe. En medio de un camino el héroe anónimo se bautizó y se perdió en la nada. Para afirmar algo hay que empezar negando todas las negaciones. ¿Por qué los adolescentes son tan rebeldes, tan ateos? ¿Podrían trastocarse todas las expresiones pero en nuestro favor? Sí, se puede ser menos o más ateo. Y ese ser más o ser menos es no ser. Entonces se siente la paz, sí, se siente en el eco de una noche que habla sola consigo misma. No hay más hombre que el que uno es. Esa es la historia verdadera, la que no se cuente jamás. Final griego.




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