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Sunday, November 3, 2013

La canción de la guerra III (el origen).

      









           Todavía no puedo creer que esté en contacto con ella. Resulta que estuvo tres años alejada de nuestras vidas hasta que un amigo la encontró en el último concierto de Iron Maiden en la cancha de River. ¿No es increíble reencontrarse con alguien en ese mar de gente? ¡Solamente Dios puede hacer que dos personas se reconozcan en medio de cincuenta mil almas o más! ¡Es todo tan increíble! El chico que la vio es como un hermano para mí. Hace como siete años o más que lo conozco. Es fiel como Sancho Panza mientras que yo soy loco y volado como el eterno Don Quijote, aquel que fuera el primero en rebelarse contra la naciente Modernidad (con el diario del lunes cualquiera es tradicionalista, "antimoderno", pero había que protestar contra el cambio de pensamiento y paradigma en una época que se insinuaba luminosa, triunfante, y que demostró ser ruinosa, el principio de nuestra actual Edad de Hierro).
          Son tantas las historias del zombie yanqui que hace rock o del almacenero metálico que golpea cumbieros o de ese punk que fue barrabrava de Boca y Chacarita al mismo tiempo. Igualmente prefiero hablar de ella. Hace tres años pasó algo muy loco: se borró del Facebook de la noche a la mañana y no se la vio nunca más por las calles del barrio. Pensamos que se había ido del país o que se había hecho monja budista o algo por el estilo (¿por qué no una repentina conversión al Catolicismo?). Nos era difícil saber que había pasado. Mi amigazo y yo nos preguntábamos por ella pero el correr de las semanas hizo que pronto nos olvidáramos de todo en medio del fastidio del día a día, los trabajos, los despidos, las noches, los días y las madrugadas de humedad, los perros molestos y los vecinos que gritan para espantar al pata de lana. Lo cierto es que el tiempo le hizo bien y ahora podemos disfrutar de su compañía estando ella totalmente renovada en cuerpo y alma. Bien valió su peso en oro tan prolongada ausencia.
             Quiero agradecer a Dios, a la existencia y a San Bruce Dickinson el milagro de haber quitado una chica común del barrio para luego transformarla en una reina de la seducción, la simpatía y la alegría. Yo creo que podría morir por la fuerza de su mirada y ese cuerpo elástico, delgado y ágil y no sentiría nada más que placer, felicidad, éxtasis, pasión, agradecimiento y vértigo ante las vueltas de la vida. Ahora espero que se quede para siempre cerca de mí ya que soy su admirador. Me siento completo y hecho como hombre con solo mirarla. ¿Soy platónico? Puede ser pero la contemplación es algo que nosotros, jóvenes de este tiempo, casi no experimentamos. ¿Qué hubiera sido de todo esto que cuento de no haberse extraviado ella por los caminos de este mundo? La magia de un reencuentro, de una sorpresa, de algo inesperado, vale más que la triste y absurda seguridad de las semanas cómodas, predecibles y tontas.
            ¿Quién hubiera pensado que yo iba a elogiar a una dama? Esta página es claro testimonio de que aborrezco a pollerudos y señores con plata que se desviven por una tipa. Y siendo yo un tipo duro, un "misógino", se hace más patente la hermosura física e intelectual de la flor admirada. Muchos se preguntarán: "¿Qué tendrá esa chica para que ese loquito solitario hable tan bien de ella?" Bueno, mi musa inspiradora es una persona sincera, con ganas de mejorar día a día y con la voluntad de no molestar a los demás y de vivir en la verdad. No anda histeriqueando como esas idiotas que no dicen nada y que pretenden que uno sepa qué mierda les pasa. Son las mismas que luego se quejan cuando yo hago un diccionario en línea de frases típicas femeninas. Es cierto que mi lucecita es capaz de matar con la mente o con la fuerza de ese cuerpo delgado y filoso como una espada pero es un ser humano justo y recto que no va por la vida pegando gratuitamente como ciertas gordas pedorras que le llenan la panza de piñas a sus pobres noviecitos.
          Dicen que el mundo es un pañuelo. Pero también dicen que el mundo es grande. Y ahora resulta que la compañía de telefonía móvil Personal ha patentado la frase que reza "cada persona es un mundo". Va a llegar un momento en el cual hasta el silencio estará patentado. Yo no podremos ni hablar ni callar sin pagar. Quizás lo único que nos dejen decir es un himno en alabanza a este sistema perverso. Lamentablemente, mal que nos pese, dicho himno constituirá una prueba inequívoca de nuestra adhesión a la tiranía. Así seremos más esclavos todavía y más nos tendremos que adecuar a la corrección política y al Pensamiento Único y sus variantes de diestra y siniestra. Esto me recuerda a esa simpática señorita que leía la revista Cosmoputita debajo del pupitre de su aula de secundaria. No me puedo quejar de esa personita que ahora tiene mi edad o un poquito menos. Me ha hablado siempre de la mejor manera pero no siento atracción por ella. Esto lo cuento a modo de anécdota. Pasa que de alguna forma u otra yo estaba esperando a aquella reinita de azúcar que me ha inspirado este ciclo heroico de La canción de la guerra. Quizás las demás sean lindas y buenas y tengan muchas facetas dignas de ser mentadas pero mi dama es la mejor de todas y ninguna se le puede comparar sin quedar por ello muy mal parada. Las comparaciones son odiosas pero la sonrisa de ella opaca al mismo sol del mismo modo que la piel que la cubre hace de la mañana un infierno dantesco. Así tal cual y no exagero, es la verdad.

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