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Sunday, November 10, 2013

La canción de la guerra V (Nuevo elogio de la locura).

     











           Maltrecho y humillado por mi reina: me encuentro enfermo de tantas emociones fuertes que ella me ha hecho vivir. Su hermosura me ha derrotado de manera increíble. No hay nada que pueda hacer. Los últimos días fueron de mucha agitación, de mucha locura, de mucho andar. Es complicado registrar los primeros pensamientos que uno tiene al despertarse pero yo ruedo envuelto entre las sábanas murmurando para mis adentros que estoy a sus pies, que me ha hecho su esclavo y que debo obedecerle hasta el día de mi muerte. Ella es una persona que no me da respiro, que me mira a los ojos constantemente y que se hace cómplice de mis deseos más extraños solamente para sorprenderme. Es mágica. Yo estoy consternado: siento que es una criatura de mi imaginación que por alguna extraña alquimia devino en un ser de carne y hueso. Sinceramente, la creo como una Eva escapada de mi cuerpo.
         El sábado hablé siete horas con ella: empezamos a platicar antes de la medianoche y nos sorprendió la mañana clara y luminosa del domingo. Fue increíble. No sé qué decir ni qué escribir pero debo hacer un gran esfuerzo en su honor porque se lo merece. Sí, es mi musa inspiradora pero no alcanzan todas las lenguas del mundo para narrar su hermosura, su encanto y su perfume. Empezaré diciendo que se hallaba vestida de negro y que su silueta resaltaba como una tentación capaz de corromper hasta al más santo de los varones. ¿Alguna vez me vieron mis lectores tan entusiasmado con una chica? Enorme mérito el de ella al apartarme de los sentimientos misóginos y mis habituales declamaciones contra las mujeres a través de este medio. Es realmente especial. Yo no soy de aquellos que se prendan de cualquiera. Todo lo contrario; soy bastante vanidoso y suelo rechazar y rechazar y hacerme el tonto para continuar solo y creerme con superioridad moral por el mero hecho de vivir alejado de la carne.
            Es complicado escribir para mí el día de hoy: estoy con "placas" en la garganta y no puedo ni tragar saliva. Sin embargo, con la fuerza de mi musa, si así me lo permite Dios, compondré la quinta parte de El cantar de la guerra, que es, sin lugar a dudas, el canto mejor. ¡Vamos a la fiebre del sábado por la noche y no a estos dolores de una tarde triste y solitaria de domingo! Empiezo con un momento destacado para poder mantenerme en medio de la agitación de mis músculos calenturientos: todo ocurrió en la casa de un amigo en común que en ese instante se hallaba junto a su novia en el comedor. Ella, mi admirada señorita, se hallaba frente a mí y no dejaba de mirarme. Repentinamente cometí una de las grandes osadías de mi vida: le pedí prestada su mano para contemplarla y la besé con mucho amor. La otra señorita allí presente me dijo: "Le besaste la mano!" No es que haya querido reprenderme por mi acción temeraria sino que se asombró por mi arrojo nunca antes visto (acá voy a ser poco romántico, si me lo permite mi diosa, y voy a decir algo muy fuerte y vulgar: ¡hay que tener cojones para encarar así a una chica tan linda! No solamente que es linda sino que impone mucho miedo y respeto porque es muy fuerte y combativa a pesar de ser muy femenina y coqueta). Bueno, en ese instante de confusión, ella comenzó a abanicarse con las dos manos y no entendía lo que yo le hice. Sentía mucho calor la pobrecita. Ante las palabras de la testigo de los hechos, la que me dijo con sorpresa lo que yo acababa de hacer, yo fingí estar borracho y dije, con algo de ironía para hacerme cargo en partes de mi crimen, "¿En serio? ¿Yo la besé?" No sé cómo pero pude salir airoso de ese trance como quien conoce las reglas del arte de la guerra...
             Quisiera describir un poco su mano: es delgada, blanca, suave, perfecta. Nunca tuve una manito así ante mí. Cuando la besé sentí, y siento todavía hasta hoy, que fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida. Me encanta esa parte del cuerpito de mi dama. ¡Me asombra saber que sus bellas y delicadas manos han golpeado a tantos hombres sin piedad! Me ha contado que un día tres individuos quisieron robarle o algo peor y que ha dejado a dos de los tipos tirados en el suelo con la cara sangrando mientras un tercero huía despavorido ante la mujer guerrera de mis sueños. Llevaba puesta una manopla con pinches en las puntas. Ya lo dije muchas veces y no me cansaré de decirlo: las mujeres deben aprender a defenderse en lugar de hablar de tantas pavadas como es costumbre en la televisión y la internet. Ya dijo Nietzsche que un varón auténtico busca dos cosas en una mujer: peligro y juego. Y ella es peligrosa y le gusta jugar con gestos y miradas que subyugan mi voluntad. Me ha confesado que ama tener el mundo a sus pies. ¡Sinceridad brutal la suya! No es para nada aburrida: tiene una conversación exquisita, encantadora, dulce, apasionante. Creo que podría estar eternamente charlando con su alma. ¡Ay cuánta devoción me genera! Podría promoverla a los altares y generar grandes manifestaciones de fe en las masas pero yo quiero ser el único que se beneficie con sus milagros. ¿No es algo celestial que una persona sea auténtica y sincera en esta década ganada por la hipocresía, las chetas, las wachiturras, las femitrolas cacho y todos los especímenes diabólicos que intentan la destrucción de la Patria a diestra y siniestra?
            Otra anécdota de guerra fue esa en la cual ella caminaba de noche por un barrio del sur, no el mío precisamente, y un tipo cuarentón (borracho, vago y desubicado él), no tuvo mejor idea que seguirla cuadras y cuadras diciéndole groserías irreproducibles. Ella se cansó del sujeto que intentó algo más, o amagó alguna locura, y le pintó la cara con gas pimienta dejándolo en el piso totalmente dolorido y arrepentido de su mala conducta. Me encanta cuando la señora de mi corazón cuenta sus hazañas a sabiendas de que yo la escucho embelesado, admirado y poseído de profundo amor y sumisión. Otra muy buena fue esa en la cual un morocho cumbia la sorprendió en una parada de colectivo por atrás y le dijo "dame el Movicom, amiga". Ella le dio... ¡Le dio un codazo que lo dejó sin aire al pobre desgraciado! Venían dos tipitos más pero se fueron a la mierda por temor a correr la misma suerte, la misma muerte. Yo siento admiración por ella, por su valor, por su fuerza física y su voluntad de dominio. Hay flores muy hermosas que uno no las pueda agarrar sin que se hagan polvo entre los dedos: ella es delicada pero su carácter la recubre de un aura muy especial que protege su delgado físico de cualquier ataque externo. Psicológicamente es muy fuerte y poderosa y bueno, mide 1,70 cm, altura de modelo, y ha llegado a correr cuatro kilómetros en quince minutos. Es una combinación perfecta de fortaleza corporal e intelectual; una estilizada luz que recorre los espacios de mi ser con brillo inigualable.
         Y bueno, ¿qué más decir, no? Entre anécdota y anécdota, la charla se prolongó hasta la salida del sol. Podría contar mucho más todavía pero es mejor librarnos un poco a la literatura del silencio. Yo me siento embobado y hoy estoy muy débil como para continuar con mi labor. Simplemente quiero ofrendarle este sacrificio a mi musa para que vea que la tengo en mucho (estoy haciendo un gran esfuerzo para poder seguir pues el reposo de la cama me llama con ardor febril). ¿Cómo me iba a olvidar de ese noche tan hermosa? Yo no podía creer cuando, en un momento de distracción de aquellos que nos invitaron, nos encontrábamos solos los dos en la cocina y nos mirábamos y nos reíamos: nos regalábamos felicidad. Y ahora hablo en segunda persona: yo sé que poco soy al lado de vos pero quería pedirte algo: tu amistad. No te requiero de amores, noviazgo u otros compromisos. Soy muy feliz con tu sola presencia. Espero que no me falte nunca. Y el día que pueda faltarme, te pido por favor que me des violenta muerta con la misma fuerza con la cual has dejado tirado en el piso a tantos individuos. Es cierto que yo tal vez no merezca semejante castigo como perder la vida pero sería muy triste para mí el no poder mirarte y oírte desde un humilde rincón. Muchas gracias por las hermosas horas que me regalaste. Sos hermosa. Alan.

          

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