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Tuesday, December 18, 2012

Patio de doctrina.


     
         Federico estaba en el patio que antecede al templo. Allí había un grupo de mujeres judías de aspecto demacrado y caras palidas. La iglesia del porvenir era para todos y para nadie. El muchacho lo único que hizo fue pedir por la conversión de toda esa gente durante los últimos siete años de su vida. Las muchachas orientales conocían el corazón del cristiano y por eso lo habían rodeado en ese lugar neutral que semejaba al espacio vacío existente en todas las mezquitas. Las nuevas casas de oración son para todos los hijos de Abraham y para los ateos también...
        Las criaturas hebraicas levantaron el muro de sus lamentos con voces diabólicas. A gritos le exigían al obispo Mason que mande a matar al provocador. A pedido de la sinagoga de Satanás el prelado mandó que le den muerte al retrogrado. Las muchachas sonrieron. Querían perdonarlo solo si él aceptaba amarlas a todas ellas no solo desde lo carnal sino también en el alma deicida del pecado. A un hombre podía perdonársele pecar con sus labios en labios de Oriente pero creer con su corazón en corazones infieles es pecado eterno contra Dios.
         Para no pecar contra el Espíritu Santo, el joven corrió despavorido por las calle de Barracas. Entre galpones y más galpones ganó el playón de una terminal de omnibus de larga distancia. Se escondió en la garita del personal de seguridad. Allí oyó las conversaciones de unos gendarmes argentinos con unos militares paraguayos. Vio a un grandote rubio de piel roja que hablaba como un indio. Federico no entendía nada. Solo sentía que allí se tramaba una operación de contrabando o algo similar. Nada que la justicia no perdone.
            Bajo el cielo gris de una mañana irreal el fugitivo escapó escondiéndose entre los camiones que copaban todas las calles empedradas del barrio. En medio de la adrenalina se olvidó de las cuadras que rápidamente dejó atrás. El corazón lo apuñalaba por dentro mientras el sudor refrescaba una cabeza quemada al pensar en un futuro incierto...
             De tanto andar llegó a su lugar. Allí vio a una exsuegra arriba de un taxi. Ella lo saludaba efusivamente. Él no quería volver a verla al ver en ella a la precursora de su ex que tantos malos tragos le sirvió. No supo qué hacer. Simplemente saludó con hipocresía y con fingida alegría. Los formales hablarían de cortesía pero yo soy un escritor "informalista". El hombrecito se marchó a su casa una vez acabada la función con la ballena parlante en la entrada del edificio.
              Una vez en su hogar vio a una ramera de tetas grandes echada en una cama de dos plazas. Le dijo a lafea todo lo que le había pasado pero aclaró que todo fue una gran pesadilla. Federico evitó bajo cualquier punto de vista mirar a la bestia que se le ofrecía con todas sus energías. Se limitó a hablarle dándole la espalda. Y al decir que todo fue una pesadilla dentro de la pesadilla misma, Fede pudo despertarse como si nada hubiera pasado.
                El jovencito se levantó en medio de la transpiración para ir a orinar. Luego fue a la cocina a tomar un vaso de agua. Una vez saciada su sed se arrimó a la puerta y vio un sobre debajo de la misma. El obispo Mason le comunicó que de ahora en adelante sería excomulgado de la Iglesia Constitucional y Democrática de la República Argentina. Fede se mató de la risa y volvió a la cama para dormir media hora más.

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