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Tuesday, December 25, 2012

Regalito de Navidad.


   
 
     Cuántas ilusiones, cuántas. Cuántas ilusiones en el camino, me preguntará el balance. Y no hay balance más que para los contadores. Yo trato de balancearme en mi locura y de no contar mis horas. No sé. No cambió nada en medio de esta plaza de piedras rojas. A veces extraño tantas cosas y las extraño tanto que es como si estuvieran acá a fuerza de rememorarlas. ¡Cuántas cosas! ¡Tantas rosas!
     Me acuerdo de las fuentes que saciaron mi sed en largas tardes veraniegas y me acuerdo de todos esos olvidos ajenos que molieron mi corazón pero más me acuerdo que a pesar de todo sigo vivo. No me resulta raro que todavía siga escribiendo. Creo que el acto de ayer es acto por siempre como una flor cuyo perfume quedó para siempre en mi piel.
     Tanta nostalgia de parques y atardeceres me traen esos placeres de soles y aves danzando en un cielo sin final. Parece que toda esa hermosura ya no volverá pero siempre vuelve en mi memoria prodigiosa que sabe conservar bien esos tesoros de juventud. Entre libros y chocolates una sonrisa se dibuja en mi mente gris.
       Ni una tormenta significa que el sol tenga fin ya que la luz se guarda por siempre en el corazón. Recuerdo de besos y tazas de café. Bares y plazas entremezcladas en la confusión de todos los sentidos (no hablo de sinsentidos). Ya no sé qué decirles. Solamente les deseo unas muy felices fiestas y que Dios y la Virgen los acompañen.
       Ruego al Señor que el año que viene tenga la magia de todos los anteriores. A pesar de tantos males, la belleza persiste en nuestros días para hablarnos de la eternidad como la verdad dueña de todo bien. Y se encienden velas en mi alma para recordar a la poetisa muerta por ella misma. Se va, se va y vuelve como una ola en el mar...

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