Monday, August 12, 2013
Elecciones.
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Discriminar es elegir. "En la vida hay que elegir", es el lema de la campaña electoral del Oficialismo. Entonces se puede decir que "en la vida hay que discriminar". Bueno, eso no porque me van a caer encima los ñoquis de INADI. Paso a contarles cómo fue ayer mi día de votación. Comienzo diciendo que me presenté en las urnas porque no quiero tener problemas con el Estado. Hay mucha gente que no vota y no sufre perjuicio, cárcel o multa. Pero no quiero ser el primer pelotudo en ir sopre por no meter un sobre de mierda en una caja de cartón. La democracia no sirve para una mierda. Voté en blanco porque no creo en ningún político. ¿El Rabino Bergman? No, gracias. Soy nacionalista católico y no me siento representado por ese muchacho tan criticado por los sectores ortodoxos de su comunidad (siempre dije que me llevo bien con los grupos más conservadores de las otras religiones y no así con los "progresistas" sean del credo que sean). Tampoco podía votar por el Partido Obrero abiertamente abortista. No vi opciones. Pero no es un problema de listas o de candidaturas sino que el sistema es intrínsecamente perverso.
Lo del cuarto oscuro es pura anécdota ya. No quiero tener problemas el día de mañana cuando tenga que tramitar un pasaporte o pueda acceder a un trabajo en el Estado (el único buen empleador de la Argentina). Por eso ando derechito y hago las cosas bien. Me hago cómplice con la ficción y asisto a la fiesta pero solo como espectador. Es un trámite. Nada más. Pero no quiero quedarme con nombres sino que me interesa decir algunas cosas que se me pasaron por la cabeza. Lo primero que advierto, al ver la gente que concurre a sufragar, es que el Sistema es fraudulento per se. Vota cualquiera. Hay muchos a los que el título de ciudadano les queda grande. La Carta de Ciudadanía debería ser un privilegio y no un derecho. Creo fervientemente que algunos somos más iguales que otros. No debería votar un tipo que está en el país hace tres días. La única democracia aceptable es la antigua, la de los atenienses. Un varón que no sabe leer y escribir no puede decidir quién va a gobernar los destinos de la Patria. Un palurdo caído del catre debería comprar su libertad con el precio de su trabajo. Los demagogos y los sofistas se hacen un festín con los burros que asisten a la farsa boleta en mano. Ganado electoral ganado a las décadas perdidas por la ignorancia.
El Sistema debería ser aristocrático. Ciudadano es aquel que pelea por la Patria y que está dispuesto al sacrificio militante de la propia vida si es necesario. Un papel no significa nada para mí. Habitantes y súbditos hay millones pero muy poca gente que tenga calidad moral e intelectual para sentarse a discutir en una asamblea pública. Nuestros políticos son tan corruptos y decadentes porque son elegidos por los hijos bobos de las décadas emputecidas. No es cosa de dar libertades a mansalva y emancipar sin límite alguno. De seguir así hasta los perros van a poder votar mordiendo la boleta del que crean el mejor. No, hay que excluir. Cada vez hay más derechos y menos obligaciones. Y cuanto más se habla de los derechos individuales y políticos, más torcidos salen los individuos y quienes los dirigen. Un gobierno ideal debería hablar solamente de obligaciones. Hacer y hacer. El único derecho de un ciudadano ha de ser el de portar armas en defensa de la Nación. Todo el mundo promete paraísos terrenales. Pero yo creo que sería auténticamente revolucionario aquel que prometa luchas y combates eternos aunque más no sean en el plano espiritual (que no es poca cosa teniendo en cuenta la primacía del espíritu sobre la materia).
Voy a ejemplificar mejor todo esto que digo para no quedarme en el palabrerío vacío: ayer había un gordo gigante con los ojos rojos y el pelo largo. Era como un indio piel roja con ropa deportiva. No juzgo a la gente por su aspecto. El Estado Argentino es plurinacional y no lo veo mal. Pero me molesta que un individuo fume en una escuela sea de la etnia que sea. Me acerqué al tipo y le dije que apague el cigarrillo, que no se puede fumar en un lugar público. El morocho era gigantesco. Medía 1,85 cm pero era muy grandote. Daba miedo. Parecía un maldito loco suelto, un violador serial, un alcohólico, un adicto a la cocaína. Viendo sus gestos y su semblante podría uno pensar en todas esas cosas (lo de violador está de más pero les aseguro que el hombrecillo ese es un vicioso y un anormal). Pensé que me iba a agredir por reprenderlo públicamente. Se hizo el tonto y se fue para el fondo del edificio escolar y escondió su humo empapelado detrás de la espalda. Un ser tan irresponsable, alguien que prende un cigarro donde estudian niños pequeños, un individuo rebelde que no acepta normas elementales de convivencia, ¿está realmente capacitado para elegir quién lo va a gobernar?
La tiranía del número repugna a la razón. ¿Un tipo que se droga está en condiciones de votar? ¿Un alcohólico? ¿Un adicto al juego? ¿Un alienado o inmoral que gusta de llevar una vida sucia y asquerosa? La gente viciosa vota mal. Elige a aquellos que son cómplices de sus perversiones. Tal el caso del lobby homosexual denunciado por el Papa. Lo mismo con aquellos politicastros adoradores de Mamón que prometer legalizar las drogas para ganarse el favor de los putos pendejos arruinados. Pura escoria. ¿Está bien que hayan partidos que pretendan legalizar el aborto? Va a llegar un día en que hayan grupos de presión que abiertamente quieran convertir en ley la pedofilia. En Holanda hay sectores de la sociedad que avalan esta tendencia. Creo yo que hay que ser muy firmes con ciertos temas. Nada de "es una construcción cultural" y las gansadas que nos dicen los marxistas culturales. No. Se puede discutir algo coyuntural sobre economía o transporte pero hay asuntos con los cuales no se joroba. Es así de simple. Pero no, no se puede pretender otra cosa de las masas que van en micros llevadas como borregos. Tipos que cagan y mean en la vereda deberían ir primero a la escuela antes de opinar sobre política.
¿Por qué cuando hay elecciones hay militares cuidando las escuelas y las calles? ¿Por qué no están todos los días vigilando "el normal desarrollo de la vida en democracia"? ¿La vida nuestra de cada día no es acaso un ejercicio de la democracia en sí mismo? ¿O la existencia fuera del periodo eleccionario es parte de otra cosa? ¡No! Deberían reformar las leyes de Defensa y Seguridad Interior para que los soldados patrullen la vía pública y puedan intervenir ante la comisión de un delito. Parece que las Fuerzas Armadas solamente aparecen para custodiar las urnas y todo el teatro que se monta cuando se disputan cargos políticos. ¿Por qué los uniformados no se dedican a resguardar a las personas? ¿Acaso una caja boba de cartón con papeles adentro vale más que la vida de un argentino? Todos los fines de semana deberían cerrar todos los boliches y estar en silencio la ciudad. Así viviríamos más seguros y con mayor paz y tranquilidad. Es increíble lo calmado que fue el sábado en esta capital tan bulliciosa donde no faltan los robos, las peleas, los crímenes, los accidentes de tránsito y todo cuanto malo pueda ocurrir en una gran urbe. Un día antes se mandó a la gente a dormir. Fue genial. Todos tranquilitos. ¡El domingo fue directamente una Misa para cuarenta millones de seres humanos que componen la Argentina! ¡Extraordinario cómo el Estado puede pacificar a toda la población cuando se lo propone!
El Gobierno deja hacer. Libera zonas para el delito y encierra a la gente honesta en sus casas por el temor a los asaltos en la vía pública. Pero la modalidad de las entraderas no le da paz a uno ni en su puto domicilio. No es justo. Pero los drogados, los peleadores, los borrachos, los ladrones, las rameras, los vagos, los sucios, los feos, las feministas, los comunistas, los traficantes y todos los que caminan por la sombra pueden ir y venir como quieren. Circulan como el viento. El Estado deja hacer y dejar pasar. Un Liberalismo llevado hasta las últimas consecuencias. Tan liberal es el Estado que ha terminado por suicidarse so pretexto de respetar las libertades individuales. Es necesario poner un poco de orden. ¿Este fin de semana los militares desaparecieron a alguna persona? No. Orden no es totalitarismo. Es cuidar la salud de la población. Los jóvenes no pueden andar perdidos por los bares y los burdeles y aparecer el lunes en la escuela, el trabajo o la universidad como si nada hubiera pasado. El alcohol quema la cabeza y el cuerpo de millones. Eso cuesta pero no hablo en términos exclusivamente económicos sino humanos. Miles de familias quedan destrozadas por la existencia social tan violenta de nuestros días. La inseguridad, los choques automovilísticos, las reyertas callejeras y los suicidios son nuestro pan caliente de todas las mañanas. Nadie se va a morir por no poder ir a una discoteca o porque cierre el bar de la esquina. Los jóvenes pueden reunirse en su casa y los padres estarían un poco más tranquilos. El problema es que en la actualidad la madre es más puta y drogada que su propia hija. ¡Hasta hay abuelas trolingas!
Todo esto me surgió en la cabeza solamente por haber ido a votar. Quedé bien con Dios y con el Diablo ya que no elegí a nadie. Sí, elegí no elegir a nadie. Quizás el sobre en blanco significa el Espíritu Santo. Al mismo tiempo Satanás debe estar medianamente satisfecho ya que tengo el troquel que es la marca de la Bestia. Igual cedo hasta un punto. Cuando el Gobierno Único Mundial exija que nos pongamos el 666 en la frente y en la mano, yo voy a preferir el martirio. Aprovecho este escrito de mi autoría para decir que me niego a aceptar al Anticristo. No voy a dejar que me sellen. Ni un solo tatuaje tengo en mi cuerpo y no pienso tener ninguno. Me rebelo ante Lucifer y ante toda la Masonería que está llevando a cabo el plan para someter a la humanidad al imperio de los abismos infernales. No me atemoriza que los reyes de la tierra se alcen contra el Altísimo y martiricen a todos aquellos que rehúsen las cifras del Mal. Todo esto que estamos viviendo no es más que el preludio de días más oscuros que quizás no lleguemos a ver o quizás sí. El Señor no nos pide la victoria pero sí que demos testimonio de la Verdad. Tal vez yo esté equivocado y las fuerzas de la Tradición resurjan una vez más como antaño ha pasado luego de la nefasta Revolución Francesa. No lo sé. Ni los ángeles de arriba saben cuándo será la hora postrera. Pero tengo muy en claro que hay que seguir combatiendo para restablecer a Cristo Rey en la vida social de los argentinos. Roguemos a Dios que nos dé las fuerzas necesarias para seguir adelante en el destierro de este mundo y que no olvidemos jamás la Jerusalén Celestial que nos espera (esa es la ciudad por la cual debemos movilizarnos; no debemos ser como los sionistas que se regodean en la inmanencia que tan terribles consecuencias está teniendo en el concierto de las naciones).










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