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Sunday, August 4, 2013

Sueños locos VII (el comisario fatal).

   




     
     Otro de mis sueños locos me obliga a escribir. ¿Se acuerdan ustedes de los colectivos de la Federal de hace algunos años? ¿Se acuerdan de los camiones Mercedes Benz 1114 con ese hocico prominente y el miedo que inspiraban? Siempre tuve temor de que la policía me suba en uno de esos vehículos y me cague a palos. Porque la cana no te lleva de paseo sino que te golpea, te patea, te insulta, te tira de los pelos y por ahí te viola. ¿No vieron nunca lo que hacen los Carabineros de Chile? Agarran a los vagos y los hacen de goma arriba del celular. Es verdad que si uno se porta bien no tiene porque recibir sopapo alguno pero los ratis son humanos y se equivocan (a veces se equivocan demasiado). Ojo, si le dieran paliza a los chorros, yo sería el más entusiasta admirador de las fuerzas policiales. Pero generalmente le pegan a los boluditos para mostrar acción y hacer de cuenta de que ganan el sueldo en buena ley (a esta altura existe una burocracia policial que hace de los efectivos ñoquis y de la seguridad, bien gracias).
        El policía no es ni bueno ni malo. Es un medio. Es neutro. Es como el militar. Obediencia debida. Si un grupo de comunistas dirige la Argentina y manda a los milicos a quemar iglesias y matar católicos, pues toda la milicada y todos los azules tienen que cumplir las ordenes impartidas desde arriba. No se crean que los uniformados son católicos, patriotas y toda la bola. La mayoría son cabitos brutos cagones que apenas saben leer y escribir y que están dispuestos a cagar a tiros las imágenes de Jesús y de la Virgen de Luján con tal de seguir comiendo y engordando la panza de vago amante de las siestas y las fiestas. A puro vino nomás. Esto por la mayoría de los suboficiales. Luego están los oficiales que, en su gran mayoría, son liberales. Son patriotas de los dólares y la propiedad privada. No les interesa a los miembros de la Oficialidad las Malvinas, la Patagonia, la denuncia del Plan Andinia. No. Los tipos son antimarxistas pero no porque los rojos son ateos, putos, drogadictos y apátridas: la clase media es anticomunista porque le interesa mantener la propiedad privada de los medios de producción. Yo soy anticomunista porque soy católico, nacionalista y amo a Cristo Rey y a Santa María Virgen.
        Dios, Patria, Familia y Austeridad. La propiedad es relativa, es secundaria. No me molesta que el Estado intervenga en la vida económica de la Nación. Soy fascista, no soy liberal libertario de Barrio Norte. No es lo mismo ser fascista que ser liberal. Los boludos le dicen "facho" a cualquiera y no sabe quién fue Mussolini o quién fue Codreanu. No importa. Digo una vez más que la policía, las más de las veces, se dedica a defender la fábrica del burgués explotador y el autito del funcionario de turno. A los que visten uniforme no les importa que un gringo o un sionista explote a un criollo. Yo me opongo al Stablishment porque los poderosos son todos masones, abortistas, ateos, marxistas culturales y amigos de USA e Israel. No me opondría jamás a un empresariado católico, argentino, responsable e inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia. Pero no, eso no lo ve el tipo que lleva placa y que se pone la gorra. El ortiva está para vigilar y, si es necesario, matar.
          El vigía defiende las embajadas de USA e Israel como si estas fueran casas de pobres personas victimas de entraderas. El botón es guardián del Capitalismo. Y yo no hablo de nazis que provocan a un pobre e inocente ciudadano argentino de confesión judía. Me refiero a las manifestaciones de partidos de Izquierda que tan duramente son reprimidos por el Gobierno de Ocupación Sionista. No digo que me simpaticen los zurdos, todo lo contrario, pero los banco cuando se movilizan en favor de Palestina. Es un gesto de honestidad intelectual hablar mal del Estado de Israel teniendo en cuenta que el Comunismo convoca a mucha gente de la Colectividad Judía. Mis respetos a Myriam Bregman, Jorge Altamira y a todos los hebreos que valientemente denuncian las iniquidades de su Pueblo. Es cierto que los militantes marxistas son ateos, abortistas, locos y violentos pero hasta el más vil de los hombres tiene cosas buenas. ¿Y la gorra? Las patrullas son neutras, son mercenarias. Si hubiera un gobierno de nazis endiablados, de seguro que los vigilantes arrasarían con todos aquellos ciudadanos sospechosos de Judaísmo. Así es la Espada hoy en día. Los militares y policías son adiestrados para matar y destruir. No disciernen entre el bien y el mal.
        Cuando la inflación supere todos los límites tolerables, porque podríamos volver otra vez a la época de Alfonsín, y cuando el desempleo sea del 30%, ahí me gustaría ver a la gente que tanto alaba el orden establecido, la propiedad, las Fuerzas Policiales, etc. Los cobanis tendrían que dispersar a las multitudes con gases lacrimógenos y los políticos tendrían que escaparse en helicóptero. Es cierto que las manifestaciones son llevadas a cabo por activistas pagados por empresas y gobiernos extranjeros y por punteros políticos rentados por partidos locales pero hay muchos obreros de bien que se llenan las bolas de vivir para trabajar (porque hay que trabajar para vivir y no al revés). Ya lo dijo alguien hace poco y tiene razón: "La gente ahora trabaja para subsistir y no para progresar". Es triste que el verdugo descargue su golpe mortal sobre el inocente. ¿No estaría bueno que los hombres de armas apoyen los justos reclamos del pueblo trabajador? Estaría bastante bien que no se metan. Un paso al costado o neutralidad. Nada de bastonazos ni balas. ¿Provocaciones? Hay elementos antisociales que agitan las aguas confines inconfesables pero los tipos de la Guardia Infantería deberían estar preparados para reducir a un civil sin necesidad de dar golpes en la cabeza o en puntos sensibles. ¿No dan artes marciales en los institutos de formación castrenses y policiales? Pero no, los negros brutos, cornudos desesperados, tiran piñas, patadas y disparos a mansalva y no miden las consecuencias. Guerra social constante.
         Si un zurdo rompe los huevos se lo puede inmovilizar con alguna técnica oriental de combate cuerpo a cuerpo. Pero no, el morocho es bruto y duro como pija de burro y por eso mete palazos a morir como si le divirtiera pegarle a los manifestantes. Vamos a decir la verdad: los médicos, los bomberos, los policías, los militares, los curas, los psicólogos y los funebreros son sádicos sublimados. En el fondo les gusta el sufrimiento, el dolor y la muerte. Es verdad que tratan de calmar, curar y apaciguar pero hay que tener estómago para ciertas cosas. Bien. Pero hay algunos chacales que aman demasiado el sabor de la sangre humana. A esos hay que mandarlos a tareas administrativas. Sí, a veces dan ganas de destrozar a uno pero hay que castigar a los que le pegan a los abuelos, a los que violan a niños, a los que venden drogas. Con esos sí se pueden descargar. Los provincianos son tipos duros, brutos y violentos que tienen mucha necesidad de ejercicio físico. Bueno, que le den a los sujetos agresivos un poco de su propia medicina. Pero no le pueden romper la cabeza a un flaco que insulta a Cristina o a Macri. Eso me parece de cuarta. Es como cuando uno va a la cancha y la yuta te pega. ¿Por qué no le rompen la cabeza al hijo de puta de Rafa Di Zeo?
       Una vez, en un combate heroico de juventud, me paró la policía, me hizo la requisa y un gordo, morocho, viejo y tosco me preguntó tocándome la cola: "¿Todavía no te metieron la pija en el orto? ¡Putito" La muchedumbre, viendo que yo tenía la razón en esa querella, ya contaré el episodio con lujo de detalles, pidió por mí y fui liberado de la pared represora. Luego le dije al policía que yo soy nacionalista, que soy patriota y que él es un cagón y un amigo de los ingleses. No me pudo decir nada. La gente ya se había acercado demasiado y no podía suspirarme románticas palabras al oído ni podía acariciarme cuan si yo fuera su hembrita en celo. Era chico. Ahora reaccionaría peor. No solamente que lo insultaría delante de todos, como fue el caso de esa noche, sino que también lo golpearía. Es humillante el trato sobrador que te propinan estos bigotudos que se hacen los buenos por andar engominados (tienen el pelo tan duro que les haría falta un kilo de gel cada mañana para mantener a rayo esos remolinos dignos de un pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional). Bueno, no es que los juzgue por tener facciones diferentes de las mías. En el fondo somos todos hijos de Dios, todos iguales. Pero me gusta hacer reír a la gente.
          Estas solo fueron algunas digresiones para estirar la agonía. Soñé con un comisario fatal. Estaba arriba de un colectivo Mercedes Benz 1114 de la Policía Federal Argentina. El taquero era un gordito hijo de italianos. Un tipo malo, blanco como un cerdo y de ojos café. Un hijo de puta asqueroso de esos que escupen mocos cada dos palabras y que fuman todo el puto día. El tipo me daba trompadas más trompada más trompada. Me hacía mierda, me gritaba, me insultaba, me amenazaba, me torturaba. Luego se fue al fondo de vehículo y comenzó a azotarme con una soga de colgar la ropa. Tenía tanta habilidad y que zurraba como si tuviera un látigo en la mano derecha. Mis espaldas sangraban. El loco se jactaba de su habilidad soguera y me decía que solamente él podía dar esos azotes en un espacio tan reducido. Era verdad: me estaba desgajando las espaldas y ni los asientos y los bultos constituían obstáculo alguno para este justiciero pervertido. Gracias a Dios fue solo un sueño. Hoy desperté con deseo de contarles esto y acá está el séptimo de mis Sueños locos. Espero que lo hayan disfrutado (para mí fue una pesadilla).

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