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Friday, August 16, 2013

La mujer es la culpable de la prostitución...

       








       




       A toda velocidad y a toda violencia. A las corridas salí disparando por algún lado cuya gente no puede olvidarme. ¡No saben la que me mandé! Todavía estoy disfrutando de la que me llevé. ¡Qué me vengan a buscar! ¡Se las voy a dar antes de que ellos me la den a mí! Por mí se pueden ir a la concha de su madre. Pero yo tengo que decir lo que pasó en el camino. Un viejo me sorprendió al paso. Amagó con hablarme en francés y le dije que no le entiendo ni mierda. Le sugerí la posibilidad de escribirme ya que mi relación es con la letras escrita. Pero ahí nomás el jovato peló un castellano casi perfecto. Voy a hacer esto dialogado para que vean de qué hablamos con el vago ese.

- Yo soy el Marqués de Sade resucitado por Mefistófeles. -
- Bueno, yo soy Napoleón y no me ando jactando. - Le contesté yo.
- No importa que no me creas. Podemos ir al bar de la esquina y charlar con la gente allí reunida. Quiero conocerte un poco. De paso te escondo de los locos que te corrían. Yo vi lo que hiciste y me parece muy bien. Por eso corté tu carrera. - Me dijo el Marqués.
- ¿Cómo mierda me viste si vengo corriendo desde hace cuarenta cuadras? Los pelotudos esos andan en auto y en moto pero yo fui cortando camino. ¿No laburarás para ellos vos también? ¡Te cago a trompadas acá mismo! -
- Pero no ves que yo estuve muerto y soy un resucitado. Puedo ver todo.-
- Está bien, te creo. Sos un vago cómplice de los otros que se arrepintió. Seguro que me viste en algún lado. Te invito yo al café porque me gusta la gente que inventa historias originales. De paso podrías enseñarme a hablar algunas palabritas de francés. Porque no puedo manejarme por lecturas como si fuera un sordo. -
- Yo quiero enseñarte la Filosofía en el tocador. O bien podría decir Filosofía del toquetón. Yo sé que vos sos el jovencito lector de Charles Maurrás pero no quiero que esos dementes te llenen la cabeza. El viejo ese de mierda ahora está en el Cielo pero te cuento que el Infierno está encantador como la canción esa de cuarta que escuchan mis hijos bobos.-
- Bueno, está bien. Trasladémonos al bar volando. Podrías aparecer con unas copas en la mano de manera repentina. Sinceramente, no me gustan tus ideas y te he leído mucho  pero te creo un viejo masón, pervertido y homosexual. ¡Has dicho que desfloraste a tu sobrino de catorce años! ¡Hijo de puta! Eso si creo que de verdad lo hiciste. Quizás solamente escribiste y fuiste un pobre diablo que pasó buena parte de su vida en la cárcel. Igual, ya que está puedo hablar con un fiambre revivido. He hablado con tantos muertos en vida que ahora no me molesta hablar con un vivo que está muerto. -

        Me pasó algo que no consigo explicar y no es un sueño: aparecí con el divino Marques tomando cervezas en un bar. De golpe dejamos la sucia calle y nos encontrábamos bebiendo rodeado de mujeres bellas sirviéndonos. Podría dar el nombre del lugar pero son unos sectarios que piden anonimato. Se manejan con una pequeña clientela que les deja mucho dinero. Me dijeron que si doy la dirección, me van a dar un tiro en cada pierna. Quizás si tuviera confianza con algunos de ustedes, podría decirles en persona dónde corno queda ese club tan lujoso y lujurioso. Pero bueno, yo fui porque el loco me hizo volar hasta allí. Parpadeé y ahí me hallé como un borracho sucio e inmoral. Es cierto que había un tipo moderado pero era la encarnación del sentido común en un derechoso de cuarenta. Creo que era necesario un contrapeso para tanto libertinaje. Ningún cura se quiso prestar para ser capellán de una taberna del Demonio pero sí hay pequeños burgueses que gustan de controlar los pensamientos de los demás para evitar caer en el Comunismo. Los lascivos y los viciosos de toda calaña no gustan de los criminales, se sienten derrotados al ver a esos hijos suyos metralla en mano. Por eso se exige orden dentro del desorden. Aunque les parezca mentira, dentro del caos hay una ley preestablecida porque las fuerzas de la anarquía tienen por plan intentar destruir las regiones celestes y todo lo que esté arriba o abajo de ellas. A continuación transcribiré en color rojo el brillante discurso que di sobre la prostitución ante la ante mirada de mi tristemente celebre contertulio. Quizás me excedí con mis palabras pero no estaba en mí mismo sino en la sustancia...

       Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos. No querrán vosotros volver a oír hablar de la República. Os propongo un Imperio Cristiano que conquiste el orbe. Seremos republicanos en tanto y en cuanto que tendremos jueces notables educados en el seno de la Iglesia. Y el pueblo legislará a través de corporaciones según ramos de actividad. Todo el Sistema será vertical y jerárquico, profundamente estructurado. La Patria, la Gran Argentina, será regida por un hombre con título de Rector que será a su vez elegido por un conclave cerrado como el que elige al Papa. Todo girará sobre sí mismo. Quizás podamos admitir la posibilidad de la sucesión dinástica pero por ahora nos sirve abolir el Sufragio y todas las instituciones nefastas de 1789. Sobre todos los imperios de la Tierra mandará su Santidad el Papa ( no esté de ahora que es medio masón amigo de los plebeyos del mundo entero). ¿Me preguntan por la Gran Argentina? Les digo que llegará de California a Ushuaia. Nuestro país tiene un destino histórico que cumplir. El África Negra será el Reino de Negropolis. Y Europa volverá al esplendor romano germánico. ¿Tierra Santa? Será dirigida por algún Soberano cristiano. Allí vivirán judíos y musulmanes bajo nuestra estricta vigilancia. Israel no existirá más. Debemos procurar la conversión de todas las naciones al Catolicismo. Para eso queremos el poder. No nos interesa un simple Estado burgués sin más ideales que la estabilidad del tipo de cambio o la suba o la baja de los valores bursátiles.
         Pero hoy quiero hablarles de otra cosa, mis queridos parroquianos. ¡Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos! Nunca dejamos de serlo. Solo que tenemos que llegar a ser quienes somos. Nos lo olvidamos luego de la Revolución. Pero yo propongo firmemente la visión heroica, viril y guerrera de la vida. Para eso necesitamos ser firmes y dignos de nuestra estirpe. El tema que les traigo hoy tiene que ver con la prostitución. ¿Saben porque existen las putas? ¡Por culpa de las mujeres que no satisfacen a sus maridos y novios! ¿Por qué se introducen rameras foráneas en un reino? ¡Porque las mujeres naturales del país hacen mal las cosas o, peor aún, no las hacen! Pero yo les digo que si las féminas cumplen con lo que corresponde, no habrían tantos problemas de infidelidades, separaciones, proxenetismo, trata de personas, pornografía y violencia entre los hombres. Las insumisas de nuestro día deben servir al hombre. ¡Somos fachos y machos y por eso estamos aquí reunidos! ¿Vamos a dejar que las femitrolas sigan enfriando las camas de la Patria? No, ellas tienen que calentar los cuartos oscuros de la Nación con sus mágicas urnas donde depositaremos todos nuestros votos más ardientes. ¡Ese es el verdadero Gobierno del Pueblo! Luego tendremos hijos que conquistarán todo el universo para Dios y gloria de toda su Santa Iglesia! ¡Es solo un esfuerzo más para ser aristocráticos lo que yo pido!
       Dicen que "sin clientes no hay trata". Yo les digo a todos, mis queridos amigos, que "sin frígidas y amargadas no hay clientes". Nadie comería afuera si en casa tuviera manjares de ensueño. Esto es lo mismo. Ustedes, piratas de antaño, viejos lobos de mar, pensarán que estoy borracho y drogado y puede ser pero tengo que decirles algo: somos fachos con facha y tenemos que hacerlo valer. Antros como este no existirían si estuvieran ustedes bien atendidos. No es responsabilidad suya, amigos. Yo los absuelvo de culpa y cargo por el Ministerio que ejerzo. Quedan todos perdonados. El que esté libre de pecado puede tirar la primera piedra y tratarlos a ustedes de vagos y atorrantes pero son sus esposas las hijas de puta que con ustedes se rehúsan pero gustan de ir con otros machos solamente porque lo dice una revista de femiputas impresentables. Les digo que si esa revistita dijera que ellas deben ir a Misa, las iglesias estarían superpobladas como en época de nuestros abuelos. Pero no. Las zorras quieren gozar cagándonos la vida y escupiéndonos el asado. Pero no importa. Este sitio de lágrimas, whisky, besos falsos y juegos tontos subsiste por la decadencia del sexo femenino. Es siempre la mujer la culpable de todos los problemas del hombre. Las hijas de Eva nos siguen echando del Paraíso para que seamos unos tristes jardineros pelotudos. Pero bueno, no es culpa del rusito dueño del bar este de mala muerte. Quizás él festeje nuestro envilecimiento que le es muy redituable pero el día en que las damas vuelvan a la sumisión que les corresponde por naturaleza, entonces estaremos libres de estos vicios nefastos de alcohol, cocaína y carne alquilada. ¡Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos!

           Toda la gente allí reunida, que no era mucha para un lugar de esas características, me aplaudió. Yo estaba arriba de la mesa y podía hacer quedar como tímidos a Julio César, Lenin, Hitler, Perón y al mestizo Obama. Hacía mucho que Occidente no veía un espectáculo semejante. Los cincuenta locos que estaban allí, contando hombres y mujeres, me ovacionaron. Creo que eran veinte tipos y treinta tipas. Una proporción muy extraña. No sé por qué pero ahí los chabones se llevaban muy bien. No se peleaban por un agujero de esos que te permiten escapar del mundo por unos instantes. Era como una cofradía de señores adictos a la evasión y la decadencia. Habían personas de todas las edades y religiones. Nadie me censuró. Hasta me ofrecían plata para financiar mi revolución o contrarrevolución. Nadie osó decirme nada. Y no porque yo estuviera borracho, drogado, cansado y agitado. Solo que en un ataque de sensatez querían cambiar sus costumbres. El mismo dueño del boliche me dijo que me regala toda su biblioteca personal y hasta dijo que cree en todo lo que yo pienso. El problema es que no quiere renunciar a su posición y a su discurso por temor a sus correligionarios. Pero el tipo es fiel partidario de mi causa. Bah, tal vez sabe que voy a triunfar y no quiere que le apague la música y le eche los gatos a la calle. Pero no importa. Aquellos que nos ayudan son amigos vengan de donde vengan. El viejo solamente la quiere pasar bien a puro whiscacho montando las mejores yeguas de nuestras vastas estancias. Yo estaba muy loquito esa tarde pero le oía decir que en el último día de su vida quiere que le manden un cura a su lecho mortuorio para asegurarse un pasaje al Cielo. Yo creo que el tiempo de conversiones es hoy pero el abuelo tiene que persistir en su fe atea delante de toda su comunidad. Un pérfido...
            El Marqués me escuchaba sentado en su silla con un trago sobre la mesa. Cuando terminé de hablar, me aplaudió y me dijo que me expresaba muy bien pero que era un católico de mierda. Se reía y dijo que yo soy un desperdicio de talento. Me trató de amante del Antiguo Régimen a lo que yo le dije que sentía orgullo de ser monárquico, tradicionalista, hispanista y cristiano. Ahí nomás me dijo que tenía algo que decirme y que me meta mi Realismo en el orto. Yo no sé por qué tanta violencia. El tipo había vuelto a la vida y seguía despotricando contra las sanas y buenas costumbres de la humanidad tierna y hogareña. Pero al enfermito este no le gusta la familia. Se quemó en el Averno y volvió más demente que nunca a esta tierra. ¿Qué le pasó? Quizás ahí abajo conspira con Satanás para envenenar el corazón de los miles y los millones. Pero bueno, yo me destaco por la polifonía de mis escritos ya que hablan todos. Mucha gente comenta boludeces y yo le respondo. Esta es la literatura interactiva que provoca el odio de la chusma. Yo siempre recojo el guante y si me lo tira una damita, yo recojo, bien, bueno, no viene al cuento. A continuación voy a transcribir en azul todo lo que me dijo el francés revolucionario. Son palabras suyas. No me culpen a mí. Acá no censuro a nadie...

           Usted, señorito Alan, se queda muy corto. Ya dije en Filosofía en el tocador que las mujeres deben prostituirse públicamente y de manera obligada. Así el placer circulará por las calles del pueblo. No puede ser que las féminas rehúsen sus favores a los menesterosos. No. ¡Es un Derecho del hombre el favorecer a sus instintos! ¡Un esfuerzo más para ser republicanos del todo! Las señoritas y las señoras deben abrirse de piernas ante aquel que lo requiera. Y los hombres deben aceptar el mandato de la sodomía para que haya paz y amor entre los seres. Antes proclamé la necesidad de unión entre las tropas revolucionarias. Cité el ejemplo de los antiguos. Y sí, las falanges deben ir bien adentro. Pero sé que usted es un hombre retrógrado. Solo me limitaré a hablar sobre el bello sexo. Y digo que tiene que prestar su cuerpo a los fragores y pasiones de todos cuanto exijan satisfacción a sus necesidades. La mujer no ha de ser propiedad privada ni sierva cristiana. Es necesario que todas las Fulanas y Menganas socialicen sus carnes para el bien de la República. Es inmoral que el varón no sacie sus apetitos.

            El hombre moderado que allí estaba, el burgués, el poseedor del sentido común, dijo que a nadie se le ha de obligar a nada. Pero sugirió la posibilidad de que el Estado le pague a las hembras dispuestas a satisfacer las demandas de la población masculina. Y dijo que es bueno que todos gocen y la pasen bien. También confesó que el lobby gay, condenado por Su Santidad Francisco, quiere educar a la juventud en la sodomía para tener soldados en el ejército de reserva de los machos lecheros y cogedores y de los machitos cogidos y lecheritos. Por eso mismo es necesario, según este repugnante personaje de anteojos y nariz aguileña, que la nueva onda se extienda a todos y todas. Precisó que el Gobierno tiene que subsidiar a las muchachas para que entretengan a los muchachos. Así se evitaría la trata de personas, las frustraciones amorosas, los malentendidos, el robo motivado por móviles sexuales y toda suerte de ardides masculinos en pos de la eyaculación sagrada. Así hablaba el pervertido trajeado que fingía ser conservador o perverso ético. Y sí, es ético porque no obliga a nadie pero financia el libertinaje en lugar de fomentar la educación pública. Un alienado total el sujeto. De golpe se apareció el dueño del circo, el tipo de ojos celestes y piel rosada, y dijo que esto es como la legalización de las drogas. El Marqués, el propietario del antro y el gentilhombre coincidieron que hay que liberar los penes de los calzoncillos para que reine la tranquilidad social. Yo oía con desprecio y hablaba de generar pleno empleo y construir grandes obras públicas. Parecía Keynes resucitado pero ellos insistieron que todas las argentinas y todas las vaginas del planeta, según palabras suyas, deben emplearse en el Servicio Sexual a cambio de una buena remuneración. Me dijeron también que los hombres no sentirían el desempleo, la inflación y los problemas de la sociedad si el burdel fuera una institución más como el hospital, la escuela o la iglesia. Seguían con su entusiasmo los tres liberales y afirmaron que no existirían los ejércitos ni las peleas si todos los sujetos ocuparan su tiempo ocioso en estas edificantes faenas de noches crapulosas. Además, según la trinidad de los malditos, se podría darle trabajo a muchos para la realización y el mantenimiento de las casas de tolerancia. Proyectaron la total ocupación de la humanidad alrededor del culto fálico. El Marqués de Sade había hablado a favor de una expropiación estatal de la mujer pero el jurista, el mediocre reformista, dio la idea del Estado Benefactor de las Putas. El mandamás de esas casa de gatos revueltos se sentía dichoso pues decía que él sería el Ministro de Ocio de la Nueva Babilonia. Los demás que estaban allí reunidos se agitaban locamente y decían que una nueva Edad había llegado. Los sectarios de Acuario dijeron que yo soy muy culto y aplicado pero que debo luchar por la liberación sexual de todo el género humano. Sinceramente, me arrepentí de mi discurso sobre los deberes conyugales. Sin quererlo, liberé a la Bestia (Dios me perdone). A continuación compartiré con ustedes en color rojo lo que dije a todo esto:

        Coincido con el refrán que reza "la novia es la puta más cara". Efectivamente. Una Carolina cualquiera, hijita de gallegos y aprendiz de turca, puede pedir al hombre pudiente todo lo que quiera. Ella es doblemente rica porque trabaja como buena putita emancipada pero a la vez los machos le pagan todas las salidas. La tipa argentina promedio se va con un pito nuevo todas las semanas. Y va al cine, a cenar y luego al hotel. El chabón que quiera pasar una noche con ella debe gastar seiscientos pesos como mínimo entre espectáculos, comida y alquiler de cama. Podrán decir que el hipotético seductor puede tener su casa propia pero para el caso es lo mismo. Es más, me aventuro a decir, a plata de afuera, que muchas veces el tour de la lujuria puede demandar un valor cercano a los cien euros. Porque las rosas, los perfumes, los bombones, la propina del mozo y el billete al acomodador del cine o el teatro suman como todo. Y la tarada come durante la función y toma y luego quiere tener el producto oficial de la representación o algún libro. Y todo es gasto para el pobre burgués que quiere soltar a su san bernardo para que pasee un poco y tome agua caliente de la zanjita. Y no hablo de tirar los galgos porque el infeliz tiene el cohete tan hinchado que parece un rottweiler. ¿Entienden lo que digo? Las locas trabajan por mandato de la sociedad de consumo y eso lo sabemos todos. Las organizaciones feministas sacan a las tipas de sus hogares, de sus pequeños y naturales reinos conyugales y patriarcales, para que vendan su mano de obra a bajo precio en un mercado laboral saturado por inmigrantes. Si las chichis permanecieran en su sitio, o si hicieran trabajitos típicamente femeninos como ser maestras o enfermeras, seguramente nosotros estaríamos mejor y podríamos ser los caballeros que otrora supimos ser. ¡Verdaderos galanes, verdaderos fachos con facha! Pero ahora somos desocupados o estamos precarizados mientras que las conchudas ocupan los mejores puestos. So pretexto de la "igualdad de género", ellas son las que más ganan y las que tienen lo mejor en las empresas y el Estado. Nadie puede negarles un ascenso o un aumento so pena de discriminación. Así estas marxistas culturales están construyendo un matriarcado al servicio de las finanzas sionistas. No se desanimen a pesar de tanta porquería. ¡Un esfuerzo más para ser aristocráticos! No debemos rendirnos.
        Solo quiero decir, en el fragor de mi borrachera y con toda la droga encima, que las entangadas quieren todo a cambio de un paseo por su cavernita. Y no es justo porque ellas no invitan ni un puto café a un hombre pero pretenden el cielo, el suelo y el telo luego del cine, el teatro, la cena, el desfile y la mar en coche. Los mujercitas son doblemente ricas porque tienen buenas posiciones en la oficina, buenas posiciones porque supieron cómo dejarse colocar, y al mismo tiempo se benefician con todas las invitaciones de nuestra parte. Y son tan pícaras que aprovechan las infidelidades constantes, el modus vivendi de la serie "Sexo en la ciudad", para seguir recibiendo billetes y elogios para su vanidad patológica. Pero no expongo todas estas verdades magistrales para que castiguen a las perras. Solamente propongo reivindicar la cultura patriarcal. Debemos tener una política no machista sino "masculinista". ¡Somos machos y fachos! Dios hizo a la mujer de una costilla nuestra y esto lo dice hasta gente no católica. Si el sexo femenino la pasó mal en la historia, cosa que no es cierta, fue por heredar la maldición de Eva. Nuestro padre Adán estaba muy tranquilo en el Edén hasta que su compañera hizo que lo manden a mudar. Y ya dice uno de los grandes varones israelitas de todos los tiempos, San Pablo, que la mujer debe obedecer al marido. Debemos aprender de nuestros hermanos musulmanes y judíos ortodoxos. Somos todos hijos de Abraham y debemos proceder como tales. Ninguna ramera disfrazada de esposa, novia, amante o chica bien puede engañarnos tan tontamente por nuestra necedad y nuestra mocedad moral. ¡Solamente les pido un esfuerzo más para ser aristocráticos! ¡Volverán banderas victoriosas! Conquistemos a la hembra como si fuéramos cazadores o guerreros anhelantes de un botín suculento de esos que se comen a fuego lento. Porque no hay mayor tesoro que una buena compañera.

          Una simple fechoría hecha al mediodía me llevó a una corrida infernal que terminó en una charla mano a mano con el Marqués de Sade. Estuve toda la tarde en ese bar a escondidas del sol. Tomando whisky y cocaína me la pasé con mujeres de maravilla y con viejos muy conversadores que en la sociedad la posan de conservadores. Una locura total. Yo me fui de allí cuando vi que todos se habían quedado medio dormidos. Sabía que si me iba antes me habrían considerado un apostata o un traidor. Tuve que hacer las veces de crápula porque me perseguían unos tipos muy rudos. Ustedes saben que los ajustes de cuenta terminan mal. Ellos tienen armas y yo me arreglo con mis puños y mis piernas. Pero ya fue toda esa demencia de andar corriendo como un prófugo de la Justicia. Hice la mía y me salió bien. Se quedaron bien calientes los pelotudos del primer párrafo. Pero todo había terminado. Había salido de lo del Rubio y me agarró la lluvia en medio de la noche. ¡La puta madre! Ahí nomás se apareció el francés resucitado y me ofreció guita para un taxi. Yo le dije que se vuelva al Inferno, que prefería caminar todos los kilómetros que hay hasta mi casa con tal de olvidar la vil condición humana. La carne es débil pero yo me equivoqué en las palabras y le di bases intelectuales a un grupo de viejos verdes que ahora planean el yugo carnal de millones de tontas que no saben nada. Bueno, me faltó decir algo más. Esos personajes siniestros con los cuales compartí una jornada de brindis, querían convertirme en adepto de su logia masónica. Hasta habían hablado de marcarme. Pero yo no me dejé poner el sello de la Bestia. Es más, para complicar la existencia de unos y de otros, les dije a quienes me querían matar al comienzo de la trama que la plata la tenían los del lugar que no puedo nombrar. Por esas cosas de la existencia, un pajarito me contó que se cagaron a tiros los mafiosos con los amantes del lupanar. No hubo muertos pero sí un gran incendio que los intoxicó a todos. Ahora están maldiciendo al literato de la lujuria por haber invitado a un ilustre desconocido a su fiesta. Y los criminales maldicen mi astucia para manotear el maletín del Jefe y salir matando. ¿Saben qué hice con ese dinero? Lo doné a una obra de caridad. Sí, yo le robó a los ricos para darle a los pobres. Y en verdad no era un clan de la mafia el que ataqué sino un grupo de ejecutivos que jugaban a ser sicilianos pero no eran más que unos burgueses de mala muerte empleados en una oficina del Centro. Solo que andan enfierrados y son capaces de matar por su Amo. Ahora estoy acá escribiendo todos estos hechos para que vean cómo es un día normal en Buenos Aires y sus alrededores...

         

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