









En el Colegio J. J. Urquiza de Flores trabaja un excelente psicólogo y profesor de historia llamado Carlos Fernández. Pensarán que me agrada porque es cercano a mi pensamiento tradicional. Todo lo contrario, es un hombre de los que se dicen "normales" o "progresistas". No será como yo en el pensar pero es un muy buen tipo, una persona de diez. Seguramente en algún momento de la vida leerá esto e intentará acordarse de mí sin éxito (no me creo tan importante para que todo el mundo me guarde en su memoria). Lo saludo muy atentamente y con mucho cariño. Estoy muy agradecido a él porque en las pocas oportunidades que estuvimos juntos me ha dicho cosas muy profundas, como para pensar de acá a la tumba. Empiezo con lo que me atrapa antes de deshacerme en elogios para con tan buen ser humano. Un día el profe Carlos me dijo que "había un poeta toscano llamado Dante que escribió su mejor obra al no tener a su musa consigo". Quiso decirme simplemente que las más de las veces el artista no tiene a su lado a la persona que le mueve el corazón. Sin embargo esa soledad, ese vacío, facilita la creación de una obra inmortal.
Hoy en día no tengo una amada de verdad. Literariamente juego con la rusita que me inventé pero no es verdad, no la amo más. Pasó mucho tiempo de la invención o idealización. Lo que me pasa hoy en día es que me pregunto qué será de mí el día que mi vida se acomode por afuera de la universidad. Me va bien en los estudios y me siento contenido en el ámbito académico pero no tengo un trabajo estable. Eso es obvio. De ahí que escriba tanto y comente todas las noticias habidas y por haber. No digo que cerraría el blog, eso jamás. A pesar de todo, estas cositas que escribo son bastante inocentes. Aquel que se ríe de sí mismo como yo lo hago a diario tiene, por una cuestión de honestidad intelectual, una suerte de derecho a ejercer el humor políticamente incorrecto. Por ende digo yo que no tengo nada que esconder. En caso de que en el futuro escriba más espaciado o, directamente no escriba, no voy a dar de baja la página. Quedará como recuerdo de juventud y como parte de mi pasado. Pero otra vez me fui de tema...
Me pregunto una y otra vez, movido por la retórica del psicólogo de la escuela a la que fui, si es necesaria la soledad y la pobreza para escribir. Creo que teniendo un buen empleo seguiría escribiendo igual. Quizás no en tiempo presente pero sí evocaría recuerdos de la infancia y de la adolescencia que tengo tan a mano con solo 24 años. Ahora, si estuviera con alguien que de verdad valga la pena, ya casi no tendría tiempo para escribir suponiendo que tuviera el trabajo que tanto anhelo (con un sueldo básico me alcanza y sobra, no soy como el gordo pelotudo de la tele que pide veinte lucas al mes. Yo soy feliz con lo mínimo. El problema está en conseguir algo estable que no te raje como es costumbre con la precarización hoy imperante). Igual voy a obviar la cuestión del tiempo. Uno siempre se hace un hueco para los objetos que le son caros al corazón. No pasa por ahí. Además, siempre voy a tener la memoria de lo pasado como para retratar anécdotas de las más amenas. Todavía no llego al punto...
Querría saber, me lo pregunto a mí mismo y no llego a contestarme todavía, cómo sería mi vida interior en un contexto de plenitud laboral y afectiva. Es más, obviemos a las mujeres porque las novias son las putas más caras. Podría prescindir de estar con alguien visto y considerando la vileza, el calculo y el interés de las mujeres actuales. Las mismas que me desprecian hoy estarían detrás de mi persona al ver mi hipotética prosperidad pero bien, supongamos que sí, que tengo una chica bonita y buenita y un buen empleo. ¿Podría escribir borracho de felicidad? Hoy por hoy me considero feliz porque disfruto lo sencillo de la vida cotidiana (ayer experimenté la serena alegría de caminar por el parque a la mañana disfrutando de la total soledad que da un día de temperaturas bajo cero). Sin embargo está en la naturaleza del ser humano el sentirse incompleto. Es una forma de perseguir la existencia y motivarse a vivir un poco más. Parece que el "ya tengo todo" te deja casi al borde de la muerte. Yo no lo experimenté todavía y por eso me lo planteo como si fuera inalcanzable.
¿Cómo me sentiría si supiera que estoy en uno de esos trabajos que, aunque modesta la paga, me da la certeza de la estabilidad a perpetuidad? ¿Cómo estaría por dentro al saber que hay alguien conmigo que me ama y cuida de mi corazón? Sería muy raro. Me pregunto si en ese embeleso podría escribir con ingenio y agudeza. Modestia aparte, noto que más allá de los gustos consigo hacer una literatura irónica, polémica, rebelde, audaz y, lo más loco, con un fondo moral evidentemente católico. Lo mío es muy original. Mi escritura es una versión urbana, callejera, violenta y revolucionaria de ideas monárquicas, católicas y tradicionalistas. Es algo que todavía no he visto. Como si fuera la Revista Cabildo escrita por alguien que sale eufórico de un estadio de fútbol luego de un partido y que a la noche se va a un recital de rock pesado. No digo que lo que escribo esté bien o mal. No existe la buena o mala literatura sino los gustos de cada lector. Pero creo, a pesar de mis muchos detractores y adversarios de todas las calañas, creo y afirmo que no se podrá discutir lo personal de mi estilo.
No sé si podría escribir igual sintiendo plenitud en mi vida, digo, teniendo un trabajo de esos que duran toda la vida (parece que ya no quedan) y teniendo junto a mí a una de esas chicas buenas y simpáticas que están para siempre (de estas tampoco quedan, leen el suplemento Entremujeres de Klarín, sí, con K, y la Revista Cosmopolitan a más de mirar
Sexo en la ciudad). Estar bajo los efectos de la droga alucinógena del amor podría trastocar toda mi beligerancia. Escribiría pero sería distinto. La cantidad y la calidad de mi inventiva sería diferente. Hay en mí un fondo pesimista que roza las concepciones de Schopenhauer. Sé que es molesto leer a un pelotudo autorreferencial pero hoy me toca a mí. Siempre le saco el cuero a todo el mundo y jamás digo cosa alguna de mi persona detestable, fea, vil e idiota. Para ganarle de mano a los boludos, porque yo soy muy boludo pero no tanto como los que me critican, sepan que sé que dirán: "Lo mejor que dijiste hasta ahora es que sos un boludo". Bueno, vos sos tan boludo que yo ya te gané y te dejé sin la posibilidad de insultarme...
Sigo con Carlos Fernández y el gabinete psicopedagógico del Colegio J. J. Urquiza. ¿Es necesario que la musa esté ausente para poder escribir? Es un tema picante. Creo que ni Fantino, Baby Etchecopar, Chiche Gelblung, Beto Casella o Ricardo Iorio se habrán preguntado esto (nombro a estos hombres de la vida porque yendo yo a la universidad no he conocido varones tan sabios como ellos. Una carrera te da una formación estrictamente académica y libresca, en la facultad uno recibe un título; pero la vida y la calle te dan sabiduría y estos tipos saben mucho de las cosas cotidianas que, en definitiva, son las más importantes. Mi intención siempre fue evitar toda suerte de pedantería y en eso consiste un poco mi estilo: un estudiante de Letras que no habla cosas abstractas de comunistas maricones sino que escribe sobre el asfalto, las minas, el barrio, los amigos, el arrabal, el bondi, la ciudad, etc. ). Vuelvo a la pregunta: ¿Es necesaria la ausencia de la musa para poder escribir y tener inspiración y material para la obra? No digo que yo sea Dante. Tampoco quiero serlo. Las comparaciones son odiosas y yo soy un tipo mediocre. No es el punto. El tema es que el psicólogo, que a su vez es profesor de historia, me planteó la muerte de Beatriz como el suceso que inspiró el poema inmortal de Alighieri. Recuerdo también, y de esta sí me hago cargo y me la banco, que este buen hombre me dijo, cuando yo tenía diecisiete o dieciocho, que lo mejor de mí iba a estar cerca de los sesenta, en mi madurez. Ahí nomás me dio el ejemplo de Goethe al ver que tenía su Fausto en mis manos...
Ruego a Dios que haya Alan para rato. Hierba mala nunca muere. Hay gente a la que le gusta lo que hago. Me gustaría seguir adelante por todas esas nobles y buenas personas pero más me gustaría continuar por todos aquellos que me insultan, que me aborrecen, que me amenazan y que se escandalizan de modo farisaico por mis escritos en una sociedad dominada por la usura, la hipocresía y el desamor. Quizás mañana ya no sea el mismo. Los ríos se mueven y más si van aguas abajo. El Alan con empleo estable y chica buena tal vez sea un putito burgués lobotomizado por la falopa del amor. Sí, tal vez sea más feliz que nunca pero viva en las nubes de otros ojos más claros que los míos. Uno ya está (estaría) en otra y cuando digo otra me refiero a una personita hipotética del afecto, la ternura, la pasión y el compromiso. Respecto al trabajo; la inflación, la inseguridad y la indigencia en la sociedad estarían siempre para recordarme cuál es la realidad. Pero es cierto que el bienestar anestesia la conciencia del ciudadano promedio. Me da miedo morirme en la comodidad de la buena vida y en el efecto sedante de los labios de una mujer amorosa. No sé qué será de mí. Tengo mucho miedo. Tal vez podría pasarme lo contrario y sería hundirme todavía más en la miseria, la soledad, el desempleo y la tristeza. Ruego al Señor no caer más bajo todavía. No es por derrotista pero a veces me conformo con muy poco. No quisiera caer más. Ya bastante me he caído al nacer en un hogar pobre hijo de padres pobres (por momentos he conocido el hambre y la indigencia). Sea lo que sea, les pido a todos de corazón que recen mucho por mí. Lo único que necesito son sus oraciones a Jesús por mi alma, mi vida y mis estudios. Lo demás, el trabajo y el pan, si Dios quiere y San Cayetano intercede, digo yo que vendrá por añadidura. Recen por mí por favor...