Friday, July 5, 2013
La misma.
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Los paisanos
El tipito venía caminando muy tranquilo por la calle hasta que un semáforo lo frenó. En la esquina cruzó mirada con su ex. Una pendeja muy bonita, ojitos claros y ropita de muñeca. Una adolescente cheta y malcriada hija del caretaje cosmopolita de Buenos Aires. Él, un vago mala vida de por allá a lo lejos donde los bolas te rompen el orto a cambio de dos pesos. Va. Él pibe la vio y no encaró. Se sintió como un delantero que lo tiene que encarar al defensor Balanta; se sintió sin chances y por eso se tiró atrás. Sin embargo, luego de cruzar la importante avenida, se arrimó a ella y le preguntó, con mucho amor, con mucha dulzura, con mucho tacto: "¿Te puedo saludar?" Ella, amarga como la hinchada de voka, le dijo que no. Luego él quiso saber el por qué del desplante y ella contestó que no quería hablar con él. El muchachito si sintió para la mierda, se quería matar. Sabía bien que no podía intentar arrebatarle un besito porque la lleca estaba llena de gente y, muy especialmente, habían muchas minas dando vueltas. Ahora con toda esta mierda de los géneros y las violencias de las degeneradas uno no puede meter un puto beso y largarse a correr embargado por la felicidad. Enseguida viene la yuta y al calabozo. Luego, si toca una jueza o fiscal femitrola, puede pasar que el infeliz vaya algunas primaveras al encierro. Pensando en todas estas cosas el chabón se quedó y dejó que ella se adelante por la vereda de la noche. No pasó medio minuto que le dio un ataque de locura, un arrebato de demencia total y, en su psicosis criminal, le sacó el Black Berry a la guachita y se fue caminando con la cabeza en alto mientras ella gritaba para anunciar que había sido choreada. Para despejar cualquier tipo de dudas, para demostrar que no se trataba de un robo, el hombrecito agarró el aparatito y lo tiró con todas sus fuertes contra el piso. Una vez que la porquería esa quedó rota en mil pedazos, el chaboncito se dio a la fuga. Al día siguiente fueron dos cobanis de la brigada a buscarlo pero el fiscal lo dejó ir porque entendió la emoción del momento y valoró, sobre todas las cosas, que el individuo nunca le quiso hacer daño a la chica. El loco se defendió diciendo que odia el lujo y la ostentación y que no tiene nada que ver con la damnificada. Es más, el caradura dijo que quiere hacerse seminarista y llevar una vida tan austera como la del Papa Pancho.
Papito le compró celu nuevo a la nenita de 19 añitos.



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