Saturday, July 20, 2013
Títulos.
Labels:
Académicas. •
Alanismo •
Alannismo •
Amor •
Bellas palabras. •
Descubrimientos •
Ensayo y error •
Ficción rebelde. •
letras para todos •
Libros. •
Sueños. •
Urbanismo
De ayer nomás. No sé ni me importan las fechas. Tal vez escriba esto hoy y lo leas en mil años. Nada importa tanto cómo decir que, bueno, hoy no estoy para grandes frases. Fue muy simple: anteayer, viernes, supe que saqué un diez en el parcial de Teoría y Análisis Literario. Vos sacaste siete. Te gané en un 30%. No, es un chiste. Hay que reírse un poco. Me estoy cagando de la risa al imaginarme las caras que habrás puesto al ver mi nota. Soy criollo y bien católico y, sin embargo, me fue bien en una materia repleta de autores marxistas y parientes tuyos. La pasé bien con Lukács. Ese tipo tiene cosas interesantes a pesar de estar en la vereda de enfrente. Y me gustó Deleuze. Mismo, el texto de Trotsky sobre los Formalistas me hizo matar de la risa. No la pasé mal una vez adentro del sentido de las lecturas. Me costó mucho terminar con un promedio de nueve pero bueno, la vida del estudiante es no tener vida. Todo el santo día leyendo cosas que a veces no son tan agradables. Hasta acá; no me quiero meter demasiado con esto. Lo único que digo es que soy argento pero no pelotudo. Quisiera estudiar el pensamiento de Charles Maurras pero antes hay que ver cómo piensan los otros. ¡Vamos! ¡Vamos que la vida sigue!
Ayer me fui a la facultad a la noche solamente para ver las notas en la cartelera del Departamento de Letras. Viajé desde Lugano solamente para eso. No es una odisea pero bueno, preferiría haberme quedado en casa con el frío que está haciendo estos días. Pero esto no es el cuento. Resulta que me bajé del 141 y me encontré con un indigente que comía de la basura. Lo vi de espaldas revolviendo lo que ya nadie quiere. Su espalda fue lo primero que vi al bajar del bondi. Pasé caminando al lado del tipo y me pidió unas monedas. Le di lo que tenía: tres putos pesos. No tenía más. La vida del estudiante es una vida de austeridad. Me dijo que estaba en la calle y que necesitaba plata para comer. Me partió el alma. Se notaba que no era borracho, drogado ni travesti. Capaz que de vez en cuando se tomará un vinito pero no era el típico vago choborra que copa las calles de Buenos Aires. Luego de que le di mis moneditas, me preguntó la hora. Yo saqué mi Nokia 1800, un celu de los más viejos y berretas, y le dije: "Son las nueve menos veinte". Cuando le dije la hora lo miré a los ojos. Vi que tenía ojos verdes como los míos pero no del verde claro que caracteriza la mirada de los ricos; no, era un verde mezclado con marrón, sufrido, triste. Mis ojos en los de otro. También vi que en medio de esa costra de mugre se ocultaba una piel blanca como la mía. ¡Ese tipo soy yo pero ciruja! No faltará el pelotudo que diga que yo me duelo de este infeliz por ser blanquito de ojos verdes. No señora. ¡Yo veo a los negros africanos que venden joyas y también me dan lastima los pobres con sus ojos marrones llenos de tristeza y resignación! Tengo lastima de los negros, de los bolivianos, de los morochos; de todos aquellos que no tienen la culpa de haber nacido pobres. Pero con este pibe que me pidió limosna me pasó algo especial porque me vi en su rostro. Fue muy fuerte. Sentí que quería conversación. No me quería robar. Generalmente, el que revuelve los residuos no suele ir de caño ni arrebatar. Alguno pensará que no me zarpó al ver la poronga de teléfono que tengo. No, este tipo era bueno de verdad a pesar de su desgracia. Recuerdo que fijó sus ojitos en mí como implorando algo que yo no podía darle. Solo quería que lo miren a los ojos como un ser humano y yo lo hice. No podía hacer menos, tampoco más.
Dedicado a ese pibe que tal vez nunca vuelva a ver. Dios lo proteja.





0 comments
Post a Comment