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Wednesday, July 24, 2013

Sueños locos IV (las tetas).

  






        Anoche fui a dormir a casa de un amigo. A mitad de madrugada me preguntó qué me pasaba, si estaba bien. Yo había gritado "idiota". Una bestia con forma de mujer me había molestado en una pesadilla que Satanás ideo para interrumpir mi descanso. Luego del asalto satánico seguí durmiendo. Confieso que suelo padecer pesadillas cuando pernocto en morada ajena. Una vez me pasó en lo de otro amigo algo muy raro: sentí la presencia de un demonio que caminaba por un pasillo de la vivienda. Me asusté. Se levantaron todos los que allí estaban. Me dijeron que sí, que efectivamente allí hay espíritus demoniacos que rondan el patio cada vez que el sol se va. Ni se molestaron por el grito que pegué del susto que me di. Casi me moría de un infarto. Sentí ruidos muy extraños, pasos de gigante. Vi luces muy brillantes en medio de la noche y sentí la muerte muy cerca de mi alma. Fue una experiencia terrible. Las fuerzas del Mal siempre nos están mirando pero generalmente se hacen ver en medio de las tinieblas y en lugares alejados, en suburbios como Villa Lugano. Un ángel caído sabe bien que nadie podría creer en mí porque soy estudiante de Letras. Todos piensan que yo invento cosas y no es así. Todo lo que cuento tiene un sesgo autobiográfico o realista. A mis amigos tampoco les creerían porque dirían los buenos burgueses que es típico de la gente pobre inventar historias de fantasmas o creer por ignorancia en lo que no es. ¿Por qué será que es siempre en el Interior donde aparece los monstruos infernales más temibles? ¿Y por qué, en caso de aparecer por Buenos Aires, estas entidades se manifiestan en los lugares más humildes? Es muy sencillo: un tipo de Palermo no cree en esas cosas y se empeñaría siempre en darle una explicación científica  a la aparición. Sabe Lucifer también que a un burgués siempre se le puede acusar de literato, enfermo mental, fabulador, estafador y chanta. Nadie puede creerle. Así como tampoco, como dije antes, nadie ha de confiar en lo que diga un negro o un indio. El Maligno se ríe de todos nosotros sin distinción de clases ni razas. Pero sigo luego de tan endiablada digresión...
        Así como existe Dios, así también existe el Diablo. Pero vuelvo a mí: yo había vuelto a dormirme luego de la pesadilla. Entré en  sueño muy profundo. Estaba muy cansado. Me había levantado muy temprano y mi cabeza y mi cuerpo estaban pesados. La almohada fue tragando mis sesos y el colchón se comió mi cuerpo como si fuera la boca de la tierra que un día ha de engullir a los condenados por toda la eternidad. En este caso no era lo mío una condena sino un premio, un merecido descanso luego de algunos días un tanto ajetreados. Lentamente se fue desvaneciendo la realidad. A pesar de sentir la agonía de la vigilia, uno sabe que la muerte no ha llegado todavía. Por eso los dedos de las manos y los pies pueden sentirse como una prueba inequívoca de que no se ha llegado todavía al territorio de lo onírico. Se juega a estar en otro mundo con el la carne en la tierra y la mente en otro cielo. Es muy loco pensar que algo que nos pertenece está en una embajada en un lugar distante. La fisiología no alcanza para explicar todo lo que acontece cuando nuestros ojos se cierran. Dormir es metafísica pura. Algunos de mis conocidos dicen que soy muy dormilón. Se equivocan. Yo soy un gran metafísico y eso es otro cantar. Soy un asceta que vuela en la cama como si esta fuera una alfombra voladora. Yo veo cosas y las escribo. Viajo al espacio interestelar y vuelvo con noticias del más allá. Las sábanas son alas que vuelan a la casa del que ya no está. No nieguen lo evidente porque algún día por negar, los negados serán ustedes. Recen mucho por las almas de los vivos y los difuntos. Si hemos de pasar por el Purgatorio roguemos al Altísimo que nuestra estadía sea breve. Anhelemos siempre las más altas esferas de lo incognoscible...
        Dejando a un lado todas estas digresiones dignas de un santo, debo confesar que tuve una visión mundana y carnal; una visión que no fue visión sino deseo y ambición. Vi en medio de palieres transparentes a una dama de pechos muy grandes. ¿Vieron esas tetas gigantes que hacen a los corpiños más grandes y exuberantes? Bueno, así eran esas pechochas que yo soñé. Hay tetitas que son hechas tetas por corpiños bien armados, bien rellenos, de esos que van siempre hacia arriba; pero hay lolas tan grandotas y perfectas que hacen a las ropas más bellas y a los sostenes más redondos y perfectos. Todavía no explico el haber visto a una señorita muy delgada, de abdomen plano y tetazas sin fin. Vi también sus piernas. Fuertes y musculosas adornadas por lo sensual de una minifalda. Ojitos de miel y pelo castaño. ¿Algo malo? Un idiota de tez trigueña y Mini Cooper en la puerta llevaba de la mano a la preciosura que yo soñé. No sé por qué pero creo que no gano ni en mis sueños...

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